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sábado, 30 de agosto de 2014

ANÁLISIS DEL LIBRO DE BERESHIT (GÉNESIS)




Autor: Moisés, generalmente aceptado.(Tal como se indica este es el nombre mas aceptado como autor del libro, aunque algunos académicos creen que fue escrita por algunos religiosos en la época del cautiverio en Babilonia).

EL LIBRO DE LOS ORÍGENES

Es un registro del origen de: nuestro universo, el género humano, el pecado, la redención, la vida en familia, la corrupción de la sociedad, las naciones, los diferentes idiomas, la raza hebrea, etc.

Los primeros capítulos del libro han estado continuamente bajo el fuego de la crítica moderna, pero los hechos que presentan, cuando se interpretan y se entienden correctamente, no se han negado nunca.

No es el propósito del autor de Génesis dar un recuento detallado de la creación. Solamente un capítulo está dedicado a ese tema (sólo un bosquejo que contiene algunos hechos fundamentales), mientras se dedican treinta y ocho capítulos a la historia del pueblo escogido, ISRAEL.

Tema Principal: El pecado del hombre y los pasos iniciados tomados para su redención por medio del pacto divino hecho con una raza escogida, cuya historia primitiva allí se describe.

Palabra Clave: Comienzo.

Primera Promesa Mesiánica: Gn 3:15


El título

 En las Sagradas Escrituras hebreas, este libro se titula con su primera palabra, Bereshit, comúnmente traducida por «En el principio» (1.1).En efecto, en él, desde una perspectiva religiosa (por así llamarla), se narra los orígenes o principio del universo, de la tierra, del género humano y, en particular, del pueblo de Israel.
Génesis es el término griego—incorporado al castellano—con el que la Septuaginta da nombre al primer libro de la Biblia. Significa “origen” o “principio”, ideas que responden en general al contenido del libro.

División del libro

Bereshit o El Génesis (=Gn) está formado por dos grandes secciones. La primera (cap. 1–11) contiene la llamada “historia de los orígenes” o “historia primordial”, iniciada con el relato de la creación del mundo (1.1–2.4a). Se trata de una narración poética de gran belleza, a la que sigue la del origen del ser humano, puesto por YAHUAH en el mundo que había creado. La segunda parte (cap. 12–50) enfoca el tema de los más remotos comienzos de la historia de Israel. Conocida usualmente como “historia de los patriarcas”, centra su interés en Abraham, Isaac y Jacob, respectivamente padre, hijo y nieto, en quienes tiene sus raíces más profundas el pueblo de Dios.

La historia de los orígenes

«En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (1.1). Este enunciado, categórico y solemne, abre la lectura de BERESHIT o Génesis y, con él, la de toda la Santa Escritura. Es la afirmación del poder total y absoluto de YAHUAH, del único y eterno Alahym, a cuya voluntad se debe todo cuanto existe, pues «sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho» (Jn 1.3). El universo es resultado de la acción de YAHUAH, quien con su palabra creó nuestro mundo, lo hizo habitable y lo pobló de seres vivientes. Entre estos puso también a la especie humana, aunque la diferenció de cualquiera otra al otorgarle una dignidad especial, pues la había creado «a su imagen, a imagen de Alahym lo creo » (1.26–27).
Este inicial relato de Bereshit o génesis considera al hombre y a la mujer en una particular relación con su Creador, de quien han recibido la comisión de gobernar de manera responsable el mundo del que ellos mismos son parte (1.28–30; 2.19–20). En efecto, el ser humano (en hebreo, adam) fue formado «del polvo de la tierra» (adamaŒ), es decir, de la misma sustancia que el resto de la creación; pero «YAHUAH Alahym... sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente» (2.7). La creación del hombre, del varón (ish), es seguida en BERESHIT por la de la mujer (ishah), constituyendo entre ambos la unidad esencial de la pareja humana (2.22–24).
La especial relación que YAHUAH establece con Adán y Eva se define como una permanente amistad, ofrecida para ser aceptada libremente. YAHUAH, creador de todo y soberano absoluto del universo, ofrece su amistad; el ser humano es libre de aceptarla o rechazarla. El signo de la actitud humana ante la oferta divina se identifica en el precepto que, por una parte, afirma la soberanía de YAHUAH y, por otra, establece la responsabilidad de Adán en el goce de la libertad: «Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás» (2.17). Pero Adán, el ser humano, por querer igualarse a su Alahym, quebranta la condición impuesta. Y lo hace con un acto de rebeldía que le cierra el acceso al «árbol de la vida» (3.22–24) y abre las puertas al imperio del pecado, cuyas consecuencias son el dolor y la muerte.

La historia de los patriarcas

Esta segunda parte de Bereshit o génesis (cap. 12–50) representa el comienzo de una nueva etapa en el desarrollo de la humanidad, una etapa en la que YAHUAH actúa para liberar a los seres humanos de la situación a la que el pecado los había conducido.
La historia entra en una nueva fase con la revelación de YAHUAH a Abraham, a quien ordena que deje atrás parientes y lugares familiares y emigre a tierras desconocidas. Le promete hacer de él una gran nación, y prosperarlo y bendecirlo (12.1–3); y le confirma esta promesa estableciendo un pacto, según el cual en Abraham habrían de ser benditas «todas las familias de la tierra» (12.3; cf. Gl 3.8).
BERESHIT pone de relieve que el Creador no actúa de modo arbitrario al elegir a Abraham, sino que su elección forma parte de un plan de salvación que se extiende al mundo entero. El objeto último de este plan, la universalidad de la acción salvífica de YAHUAH, se manifiesta en el hecho simbólico del cambio del nombre primitivo, Abram, por el de Abraham, que significa «padre de muchedumbre de gentes» (17.5).
A la muerte de Abraham, su hijo Isaac pasó a ser el depositario de la promesa de YAH; y después de Isaac, Jacob. Así fue transmitida de una generación a otra, de padres a hijos, todos los cuales, lo mismo que Abraham, vivieron como extranjeros fuera de su lugar de origen. Aquellos patriarcas (es decir, “padres del linaje”), eran pastores seminómadas, protagonistas de un incesante movimiento migratorio. Su vida transcurrió entre continuos desplazamientos y asentamientos que, registrados en BERESHIT O Génesis, dan a la narración un carácter peculiar.
Jacob, a lo largo de un misterioso episodio acaecido en Peniel (32.28; cf 35.10), recibió el nombre de Israel (El que rige como Alahym o el que vence con Alahym). Este nombre se usó más tarde para identificar a las doce tribus; luego, al Reino del norte y, finalmente, a la nación israelita en su totalidad.
La historia de José hijo de Israel es fascinante. Vendido como esclavo y llevado a Egipto, José se ganó la voluntad del faraón reinante, que llegó a elevarlo hasta el segundo puesto en el gobierno de la nación (41.39–44). Tan alta posición política permitió al joven hebreo llevar junto a sí a su padre, quien, con hijos, familiares y hacienda (46.26), se estableció en el delta del Nilo, en la región de Gosén, una tierra rica en pastos y apropiada a sus necesidades y género de vida.
Al morir Jacob, sus hijos trasladaron el cuerpo a Canaán y lo sepultaron en una cueva que Abraham había comprado (50.13) para enterrar a su esposa (23.16–20). Aquella compra tiene en BERESHIT un claro sentido simbólico, porque prefiguró la toma de posesión por los israelitas de un territorio donde los patriarcas habían vivido en otro tiempo como extranjeros.

Esquema del contenido:

1. Historia de los orígenes (1.1–11.32)
2. Historia de los patriarcas (12.1–50.26)
a. Abraham (12.1–25.34)
b. Isaac (26.1–35)
c. Jacob (27.1–36.43)
d. José (37.1–50.26)


Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4207.

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viernes, 13 de mayo de 2011

ANALISIS DEL LIBRO DE JOSUÉ.

Autor: El Libro de Josué no nombra explícitamente a su autor. Es muy probable que Josué hijo de Nun, el sucesor de Moisés como líder sobre Israel, escribiera gran parte de este libro. La última parte del libro fue escrito por al menos una persona después de la muerte de Josué. También es posible que varias secciones fueran editadas / compiladas después de la muerte de Josué.
Tema Principal: La conquista y la división de la tierra de Canaan. El Libro de Josué proporciona una descripción general de las campañas militares para conquistar el área de la tierra que Dios había prometido. Después del éxodo de Egipto y los subsecuentes cuarenta años de vagar por el desierto, la recién formada nación está ahora lista para entrar en la Tierra Prometida, conquistar a los habitantes y ocupar el territorio. La descripción que tenemos aquí, nos da abreviados y selectos detalles de muchas de las batallas, así como la manera en la tierra fue conquistada, y la forma en que fue dividida en áreas tribales.
Versos Clave: “Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” (Josué 1:6-9).

“Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” (Josué 24:14-15).
El libro
Josué (=Jos) es el primero de los seis escritos que integran la serie de los Profetas anteriores. En las historias narradas en este libro, el protagonista no es propiamente Josué. Esa función le corresponde, más bien, al escenario donde tienen lugar los nuevos actos del drama de Israel: el país de Canaán, en el que penetra el pueblo cuarenta años después de haber sido liberado de su cautividad en Egipto. Canaán es la meta, el punto final de aquella inacabable peregrinación. En la entrada a Canaán y en la posesión del país ven los israelitas el cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham, Isaac y Jacob, de darlo a sus descendientes para siempre (Gn 13.14–17; 26.3–5; 28.13–14). Ellos, pues, herederos de las promesas divinas, tomaron posesión de Canaán, y «no faltó ni una palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel. Todo se cumplió» (21.45).
Canaán es el signo de la fidelidad de Dios a su palabra, de una lealtad cuya contrapartida había de ser la conducta fiel del pueblo escogido. Porque, si bien en la posesión de aquella tierra se contemplaba el don de Dios, el permanecer en ella dependía de la fidelidad y rectitud con que los israelitas observaran la ley transmitida por Moisés. Pronto ellos habrían de comprenderlo, al ver que, empeñados en acciones de guerra, sus triunfos o derrotas dependían del ser o no ser fieles a su Señor (7.1–5). Eso mismo ya lo habían visto cuando, en vida de Moisés, vencieron a los amalecitas en Refidim (Ex 17.8–16), o cuando, por el contrario, los amalecitas y los cananeos «los hirieron, los derrotaron y los persiguieron hasta Horma» (Nm 14.20–23, 40–45).
Una primera lectura del libro de Josué puede dar la impresión de que la conquista de Canaán consistió en un rápido movimiento estratégico; que los israelitas, dirigidos por Josué, penetraron con facilidad en el país, y que una serie de acciones militares de prodigiosa eficacia les permitió apoderarse en poco tiempo y por completo del territorio que de antemano tenían por suyo. En realidad, el asunto no fue tan simple, pues ni ellos lograron conquistar rápidamente los territorios cananeos, ni los anteriores habitantes del país fueron del todo exterminados. De hecho, muchos de ellos se mantuvieron firmes en sus posiciones (15.63; 17.12–13); e incluso establecieron a veces alianzas con los invasores, y entonces unos y otros tuvieron que aprender a convivir en paz (9.1–27; 16.10). La conquista de Canaán no fue, pues, el resultado de una guerra relámpago de exterminio, sino un avance lento y sostenido en medio de no escasas dificultades, entre las que tuvo probablemente gran importancia la inexistencia en Israel de una estructura política de índole nacional, que solo llegó más tarde, con la instauración del reino de David. En la época de Josué, puesto que las tribus no tenían unidad de gobierno, se desempeñaban cada una por su propia cuenta, tanto en la paz como en la guerra.
Contenido del libro
Josué se divide en dos grandes secciones, formadas respectivamente por los cap. 1–12 y 13–22, y una menor que incluye los cap. 23–24 a modo de conclusión.
Tras la muerte de Moisés, Josué toma la dirección del pueblo (1.1–2; cf. Dt 31.7–8), cuya entrada y asentamiento en Canaán relata la primera sección del libro. Los israelitas, que se encontraban reunidos en las llanuras de Moab, atraviesan el Jordán y acampan en su ribera occidental, puestos ya los pies en Canaán. A partir de aquel momento, Josué organiza diversas campañas militares destinadas a adueñarse de la totalidad del país. Primero ataca localidades del centro de Palestina, y más tarde se extiende hacia los territorios del norte y del sur. Estas acciones aparecen en el libro precedidas de un discurso introductorio del propio Josué, que sitúa la narración histórica en su contexto teológico: «Yo os he entregado, tal como lo dije a Moisés, todos los lugares que pisen las plantas de vuestros pies» (1.3). Esta manifestación ratifica la idea de que el establecimiento en Canaán no es una mera conquista humana, sino un don que Israel recibe del Señor. La sección concluye en 12.24, con la relación de los reyes que fueron vencidos en batallas a ambos lados del Jordán.
La segunda sección (cap. 13–22) se ocupa de las varias incidencias relacionadas con la asignación de tierras a las tribus de Israel. La lectura de estos capítulos, con sus estadísticas y sus largas listas de ciudades importantes y de pequeñas poblaciones, resulta en general árida y poco gratificadora. Pero también es cierto que aquí ocurren datos de un interés histórico evidente, gracias a los cuales han podido conocerse los límites territoriales de las tribus y se ha logrado la identificación de diversos puntos geográficos citados aquí y allá en el AT. Por otro lado, la descripción que hace Josué del reparto del país invadido revela la atención que los israelitas prestaron a la justicia distributiva, a fin de que cada una de las tribus dispusiera de un espacio donde establecerse: «Dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres. Tomaron posesión de ella, y la habitaron» (21.43). También la tribu sacerdotal de Leví —a la cual no se le había asignado propiedad territorial (13.14; véase Introducción a Levítico y cf. Nm 18.20; Dt 18.1–2)— había de contar con lugares de residencia.
Los dos últimos capítulos del libro (23–24) recogen el discurso de despedida de Josué (cap. 23), la renovación del Pacto y, finalmente, la muerte y sepultura de aquel fiel servidor de Dios que supo acaudillar al pueblo después de Moisés, y guiarlo hasta su anhelado destino (cap. 24).
Esquema del contenido:
1. La conquista de Canaán (1.1–12.24)
2. Distribución del territorio entre las tribus de Israel (13.1–22.34)
3. Últimas palabras de Josué. Renovación del Pacto (23.1–24.33).
Referencias Proféticas: La historia de Rahab la ramera y su gran fe en el Dios de los israelitas, le da un lugar junto a aquellos honrados por su fe en Hebreos 11:31. La suya es una historia de la gracia de Dios hacia los pecadores y la salvación por gracia solamente. Pero aún más importante, es el hecho de que por la gracia de Dios, ella llegó a formar parte de la línea Mesiánica (Mateo 1:15).

Uno de los rituales ceremoniales de Josué 5, encuentra su perfecto cumplimiento en el Nuevo Testamento. Los versos 1-9 describen el mandamiento de Dios de que aquellos que nacieron en el desierto fueran circuncidados cuando entraran a la Tierra Prometida. Al hacerlo, Dios “quitó el oprobio de Egipto” de ellos, significando que Él los limpiaba de los pecados de su vida anterior. Colosenses 2:10-12 describe a los creyentes como siendo circuncidados en sus corazones por Cristo Mismo, por quien hemos quitado la naturaleza de pecado de nuestras vidas anteriores sin Cristo.

Dios estableció ciudades de refugio para que aquellos que hubieran matado accidentalmente a alguien, pudieran vivir ahí sin temor a la retribución. Cristo es nuestro refugio a quien “hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros” (Hebreos 6:18).

El Libro de Josué contiene un predominante tema teológico del reposo. Los israelitas, después de vagar por el desierto 40 años, finalmente entraron al reposo que Dios había preparado para ellos en la tierra de Canaán. El escritor de Hebreos utiliza este incidente como una advertencia para que nosotros no permitamos que la incredulidad nos impida entrar en el reposo de Dios en Cristo (Hebreos 3:7-12).

Aplicación Práctica: Uno de los versos clave del Libro de Josué es el 1:8 “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito.” El Antiguo Testamento está repleto con historias de cómo la gente “se olvidó” de Dios y Su Palabra y sufrió terribles consecuencias. Para el cristiano, la Palabra de Dios es vital. Si la descuidamos, nuestra vida sufrirá las consecuencias. Pero si adoptamos de corazón el principio expresado en el verso 1:8, estaremos completos y preparados para ser usados en el reino de Dios (2 Timoteo 3:16-17), y encontraremos que las promesas de Dios en Josué 1:8-9 serán también nuestras.

Josué es un perfecto ejemplo de los beneficios de un valioso tutor. Por años él permaneció junto a Moisés. Él observó a Moisés mientras seguía a Dios de una manera casi perfecta. Él aprendió de Moisés a orar de una manera personal. Aprendió cómo obedecer a través del ejemplo de Moisés. Aparentemente Josué también aprendió del ejemplo negativo que le costó a Moisés el gozo de haber entrado en la Tierra Prometida. Si estás vivo, tu eres un tutor. Alguien, en alguna parte, te está observando. Alguna persona más joven o alguien a quien estás influenciando, está viendo cómo vives y como reaccionas. Alguien está aprendiendo de ti. Alguien seguirá tu ejemplo. La tutoría es mucho más que las palabras pronunciadas por un mentor. Su vida entera está en un escaparate.
Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.
La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4212
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martes, 10 de mayo de 2011

ANÁLISIS DEL LIBRO DE NUMEROS.


Autor:    Moisés, generalmente aceptado.
Nombre:    Derivado del censo de Israel.
Lección Central:    La incredulidad impide la entrada a la vida abundante.
El título
El nombre español del cuarto libro del Pentateuco procede del latino Liber numerorum ("libro de los números"), tomado a su vez del griego Arithmo (LXX), que significa "números". Es obvio que este título responde a la presencia en el texto de dos censos del pueblo de Israel (cap. 1 y 26), al reparto del botín de guerra tras la victoria de los israelitas sobre los madianitas (31) y a ciertas precisiones de orden cuantitativo relacionadas con los sacrificios y las ofrendas (7; 15; 28–29). En hebreo, el título del libro es Bamidbar (lit. "en el desierto"), referencia expresa a la región sinaítica en la que se desarrollan los acontecimientos objeto de la narración.
Contenido del libro
En Números (=Nm) se pone de relieve la personalidad y la obra de Moisés, el gran libertador y legislador del pueblo de Israel. A esta misión, asumida por él desde el principio, añade ahora la de organizar a los israelitas y guiarlos durante los años de su peregrinación en busca de la Tierra prometida. En el cumplimiento de este cometido, Moisés, que siempre actuó con total fidelidad a Dios y motivado por el amor a su pueblo (14.13–19), se sintió a veces abrumado por la pesada carga moral de su responsabilidad (11.10–15) y la incomprensión de la gente que lo rodeaba. Hasta sus mismos hermanos, Aarón y María, lo criticaron y murmuraron contra él, que era persona mansa, «más que todos los hombres que había sobre la tierra» (12.3). Con todo, Moisés no cejó ni un instante en su empeño y hasta el fin de sus días siguió velando por Israel. Cuando vio ya acercarse el momento de su muerte, tomó las precauciones necesarias para que su sucesor, Josué, pudiera llevar a buen fin la encomienda de arribar a la Tierra prometida y tomar posesión de ella (27.15–23).
En contraste con la figura señera de Moisés, la conducta de los israelitas se describe en Números con rasgos bastante negativos. Ciertamente de Egipto había salido una «gran multitud de toda clase de gentes» (Ex 12.38), las cuales comenzaron a constituir en el desierto una colectividad alentada por los mismos intereses y un destino común. Pero con los agobios del penoso caminar hacia una meta todavía desconocida y que debía parecerles siempre lejana, aquellos liberados de la amarga cautividad egipcia protestaban y se rebelaban una y otra vez. En sus quejas, incluso añoraban como mejores tiempos los pasados en esclavitud. Con todo ello no cesaron de provocar la ira de Dios, y atrajeron mayores desventuras sobre Israel (cf., p.e., cap. 14). Sin embargo, pese a tan constantes faltas de fidelidad, el Señor no dejó de manifestárseles compasivo y perdonador: así Jehová, hablando con Moisés «cara a cara... y no con enigmas» (12.8), lo escucha cuando intercede a favor del pueblo, cuando le ruega que perdone a los culpables (11.2; 12.13; 14.13–19; 21.7).
Composición
Visto en conjunto y atendiendo especialmente a razones geográficas y cronológicas, Números no adolece de falta de unidad en su composición. Porque el relato, manteniéndose en la misma línea histórica del Éxodo, informa de los movimientos de Israel posteriores a su permanencia en el Sinaí y hasta la llegada al Jordán: los preparativos para reanudar el camino (cap. 1–8), la celebración de la Pascua (cap. 9), la marcha del Sinaí a Moab (cap. 10.11–21.35), la permanencia en Moab (cap. 22–32) y las instrucciones que Moisés da al pueblo junto al Jordán (cap. 33–36). Ahora bien, a pesar de esta cierta unidad global del libro, es preciso reconocer que su estructura literaria consiste más bien en una cadena de secuencias yuxtapuestas, independientes entre sí, que alternan contenidos narrativos de fácil lectura con otros muy densos, de carácter jurídico, legal, censual o cúltico. Diríase que el libro de Números no fue escrito a partir de un plan inicial unívoco, sino que su formación fue paulatina.
Esquema del contenido:
1. La permanencia en el Sinaí (1.1–10.10)
2. La larga marcha hasta Moab (10.11–21.35)
3. En las llanuras de Moab (22.1–36.13)
Referencias Proféticas: La demanda de Dios por santidad a Su pueblo, está total y finalmente satisfecha en Jesucristo, quien vino a cumplir la ley por nosotros (Mateo 5:17). El concepto del Mesías prometido se extiende por todo el libro. La ordenanza en el capítulo 19 sobre el sacrificio de la vaca alazana “perfecta, en la cual no había falta” prefigura a Cristo, el Cordero de Dios sin mancha o culpa, quien fue sacrificado por nuestros pecados. La imagen de la serpiente de bronce levantada sobre un asta para otorgar la curación física (capítulo 21) también prefigura a Cristo siendo levantado, ya sea en la cruz o en el ministerio de la Palabra, para que cualquiera que lo mire por la fe, puede obtener la salud espiritual.

En el capítulo 24, el cuarto oráculo de Balaam, habla de la estrella y del cetro que se levantará de Jacob. Aquí está una profecía de Cristo quien es llamado “la estrella de la mañana” en Apocalipsis 22:16 por Su gloria, brillantez y resplandor, y por la luz que de Él procede. Él también puede ser llamado un cetro, esto es, el portador del cetro, por su realeza. Él no solo tiene el nombre de rey, sino que tiene un reino, y gobierna con un cetro de gracia, misericordia y justicia.

Aplicación Práctica: Del Libro de Números se desprende un gran tema teológico desarrollado en el Nuevo Testamento; y es que el pecado y la incredulidad, especialmente la rebelión, acarrea el juicio de Dios. I Corintios capítulo 10 específicamente lo dice – y Hebreos 3:7 a 4:13 lo implica fuertemente – estos eventos fueron escritos como ejemplo para que los creyentes observen y los eviten. No debemos “poner nuestro corazón en cosas malas” (v.6), o ser sexualmente inmorales (v.8), o poner a Dios a prueba (v.9) o quejarnos y murmurar (v.10).

Así como los israelitas vagaron en el desierto por 40 años a causa de su rebelión, así también algunas veces Dios permite que vaguemos lejos de Él y suframos la soledad y falta de bendiciones cuando nos rebelamos contra Él. Pero Dios es fiel y justo, y así como Él restauró a los israelitas a su legítimo lugar en Su corazón; Él siempre restaurará a los cristianos al lugar de bendición e íntima comunión con Él si nos arrepentimos y regresamos a Él (1 Juan 1:9).


Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.
La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4210
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miércoles, 29 de diciembre de 2010

ANÁLISIS DEL LIBRO DE RUT.

Autor: Desconocido; posiblemente Samuel.

Período: La época de los jueces.

Tema Principal: Como la vida de una joven moabita fue enriquecida. Es una bella historia, considerada como una gema literaria. Es uno de los dos libros de La Biblia en los que una mujer es el personaje principal - Rut, una moabita que se casó con un hebrero.

El libro

Con esta pequeña joya de la literatura bíblica, el género narrativo hebreo se remonta a una de sus más elevadas cotas artísticas. El libro lleva al lector a la época violenta y convulsa de los "jueces" de Israel (1.1); pero, en contraste con el clima inquieto que caracteriza la historia de aquellos héroes guerreros, Rut (=Rt) se presenta como un delicioso canto a la paz y a la serenidad de la vida campesina.

La Biblia hebrea incluye este libro en la tercera sección del canon, en el grupo de los Escritos (ketubim), entre Proverbios y Cantar de los Cantares. Tal colocación, unida a la presencia en el texto de determinados datos culturales y lingüísticos, apunta a la posibilidad de que Rut no alcanzara su forma definitiva hasta después del exilio babilónico, en fecha posterior a la de los hechos que narra. En la versión griega de los Setenta, el libro de Rut sigue al de Jueces, probablemente a causa del dato cronológico con que comienza el texto.

El relato

Rut, una muchacha de Moab, es el personaje principal de la historia. Casada con un israelita, hijo de Noemí, conoció muy pronto las amarguras de la viudez. Noemí, procedente de Belén de Judá, había emigrado con su esposo y sus dos hijos a tierras moabitas, donde murieron ellos tres, quedando Noemí «desamparada, sin sus dos hijos y sin su marido» (1.5). En aquella dramática situación, resolvió regresar a Belén; y así lo hizo, acompañada de su nuera Rut, que en un gesto de extraordinaria lealtad le había declarado: «Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios» (1.16; cf. 1.16–18). Era Rut una joven dotada de las más bellas cualidades: afectuosa, decidida y trabajadora, dispuesta incluso a poner su honor en entredicho con tal de perpetuar el nombre de su difunto esposo. El encanto personal de Rut atrajo en Belén a un pariente del marido de Noemí, un tal Booz, quien, conforme a leyes y costumbres de la época, la tomó por esposa. Con el nacimiento de Obed, su primer hijo, quedó asegurada la supervivencia del nombre familiar (4.10; cf. 1.11–13). Unos últimos apuntes en el texto de Rut revelan que Obed fue el abuelo paterno de David (4.17,21–22); de modo que Rut, una extranjera (2.10), no solo quedó incorporada al pueblo de Dios, sino, más sorprendentemente aún, a la estirpe misma de la monarquía davídica.

Junto a la rica personalidad de Rut, entra en juego la de Noemí, mujer generosa y sabia en sus consejos (1.8–13; 2.22; 3.1–4), que con plena confianza en el Señor se enfrenta decidida y valerosamente a un destino por demás doloroso.

El tercero de los personajes principales del libro es el hacendado Booz, hombre afectuoso, bien impuesto de sus derechos y decidido a hacerlos valer. Se muestra, además, cumplidor de todos los compromisos a que lo obliga su condición de pariente de Elimelec, entre los cuales está el matrimonio con Rut (4.3–12).

El mensaje

La historia, escenificada sobre todo en la pequeña aldea de Belén de Judá, está contada en términos de la vida diaria de gentes sencillas y de noble corazón. Frente al rigor de las concepciones étnicas sustentadas por el pueblo de Israel recién implantado en Canaán —entre ellas, la oposición a la unión de judío y extranjera (cf. Esd 9–10; Neh 13.23–27)—, Rut ofrece un panorama abierto a la amistad y a la relación pacífica con el forastero. Muy lejos del punto de vista de este relato queda cualquier forma de racismo o de nacionalismo cerrado. La narración es como un puente tendido en el AT hacia el mensaje del NT, hacia la predicación cristiana de la igualdad de todos los seres humanos ante los ojos de Dios (cf. Dt 23.3, 6 con Mt 28.16–20; Hch 1.8). Es un puente afirmado sobre una constancia histórica: la genealogía que se inicia en Rut la moabita y que llevará finalmente al nacimiento de Jesús (cf. Mt 1.5). Así, con su presencia en el AT, Rut prefigura, en dimensión profética, el valor universal de la obra redentora de Jesucristo.

Esquema del contenido:

1. La familia de Elimelec en Moab (1.1–5)

2. Noemí regresa con Rut a Belén (1.6–22)

3. Rut en el campo de Booz (2.1–23)

4. Booz se fija en Rut (3.1–18)

5. Booz toma a Rut por esposa (4.1–17)

6. Los antepasados del rey David (4.18–22)

Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4214

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viernes, 24 de diciembre de 2010

ANÁLISIS DEL LIBRO PRIMERA DE CORINTIOS.

Autor: El apóstol Pablo.

Marco Histórico: La iglesia de Corinto fue fundada por Pablo en su segundo viaje misionero. Esta se había contaminado con los males que le rodeaban en una ciudad licenciosa.
Los griegos estaban orgullosos de sus conocimientos y de su filosofía, pero al mismo tiempo eran muy inmorales.
Eran especialmente amantes de la oratoria.
Es evidente que Apolos, un judío cristiano elocuente que había venido a Corinto, se había ganado la admiración de los cristianos griegos. Este hecho llevó a hacer comparaciones entre él, con su elocuencia y persuasión, y otros líderes religiosos - Especialmente en el descrédito de Pablo, cuya apariencia física parece no haber sido impresionante (véase 2 Co 10:10). Esto probablemente es la clave de las divisiones en la iglesia, 1 Co 1:11-13. El deseo de Pablo era el de purificar la iglesia de facciones espirituales e inmoralidad, lo cual fue la causa primordial de la carta.

Corinto
La península del Peloponeso, en el sur de Grecia, es un territorio montañoso unido al resto del país por un istmo corto y angosto. En la época del NT estaba sometida a la administración romana, como parte de la provincia de Acaya, cuya capital, Corinto, se hallaba situada a pocos kilómetros al sudoeste del istmo.
A lo largo de su existencia, Corinto conoció el esplendor y la miseria. En el 146 a.C. estuvo a punto de desaparecer, arrasada por los romanos; pero un siglo después, en el año 44 a.C., la propia Roma dispuso que la ciudad fuera reconstruida y habilitada en ella la residencia del gobernador de la provincia. De este último dato quedó constancia en Hch 18.12–18, donde se dice que el procónsul Lucio Junio Galión gobernaba Acaya cuando Pablo llegó allí en su segundo viaje misionero.
Corinto tenía una doble salida al mar: al Adriático por el puerto de Lequeo, y al Egeo por el de Cencrea (cf. Hch 18.18 y Ro 16.1). Esa privilegiada situación geográfica reportaba no pocos beneficios a la ciudad, pues ambos puertos eran muy frecuentados por los barcos que hacían las rutas comerciales de los dos mares.
La población corintia, estimada en aquel entonces en unas 600.000 personas, incluía mercaderes, marineros, soldados romanos retirados y una elevadísima proporción de esclavos (alrededor de 400.000). Corinto era, además, un centro de incesante afluencia de peregrinos, que desde lejanos lugares acudían a rendir adoración a las diversas divinidades que en ella tenían un santuario.
La ciudad, famosa por su riqueza y cultura, lo era también por la relajación moral de sus habitantes y el libertinaje que dominaba las costumbres de la sociedad. Es posible que muchas de las críticas que se le hacían fueran exageradas, pero ciertamente la mala reputación de Corinto, fomentada por causas tan conocidas como la prostitución sagrada en el templo de Afrodita, era proverbial en toda la cuenca del Mediterráneo.

La iglesia corintia
En aquel ambiente, la existencia de una pequeña comunidad cristiana, compuesta en su mayor parte por personas sencillas, de origen gentil (1.26; 12.2) y reciente conversión, se veía sometida a fuertes tensiones espirituales y morales.
El anuncio del evangelio había sido bien acogido desde el principio, cuando Pablo, probablemente a comienzos de la década de los 50, llegó a Corinto procedente de Atenas. Durante «un año y seis meses» (Hch 18.11) permaneció entonces en la ciudad, entregado a la proclamación de la fe en Jesucristo (Hch 18.1–18).
Las primeras actuaciones del apóstol, según su costumbre, se encaminaron a entrar en relación con los judíos residentes (Hch 18.2, 4, 6, 8); pero la oposición de muchos de ellos lo llevó muy pronto a dedicar los mayores esfuerzos a la población gentil (Hch 18.6).
Durante el tiempo relativamente largo que Pablo pasó entonces en la capital de Acaya, parece que su labor consistió sobre todo en poner los cimientos para que otros después de él, como Apolos (1.12), pudieran seguir anunciando el evangelio en la región del Peloponeso (3.6–15).
Fecha y lugar de redacción
La Primera epístola a los Corintios (=1 Co) fue escrita en Éfeso, donde, según Hch 20.31, Pablo vivió tres años, probablemente entre el 54 y el 57. Mientras estaba allí, los creyentes de la congregación le hicieron llegar, posiblemente por conducto de Estéfanas, Fortunato y Acaico (cf. 16.17), algunas consultas, a las que respondió con la presente carta (cf. los pasajes que comienzan en 7.1, 25; 8.1, y también 10.23; 11.2; 12.1; 15.1).
Propósito
Más o menos por las mismas fechas, «los de Cloé» informaron al apóstol (1.11) de la difícil situación que estaban atravesando los creyentes corintios. Arrastrados por la fanática adhesión personal de unos a Pablo y de otros a Pedro o a Apolos (1.12; 3.4), entre todos habían puesto en grave peligro la unidad de la iglesia.
Además, los antecedentes paganos de la mayoría de aquellos hermanos seguían pesando en la conducta de algunos, y la general corrupción característica de la ciudad dejaba sentir su influencia en la congregación, de manera que incluso en su seno se daban casos de inmoralidad que exigían ser inmediatamente corregidos.

Contenido y estructura
Pablo comienza esta carta abordando el problema de las divisiones internas, amenaza que se cernía sobre la comunidad cristiana como un signo de incomprensión y olvido de determinadas afirmaciones básicas de la fe: que la iglesia es convocada a unidad de pensamiento y parecer (1.10–17; cf. Jn 17.21–23; Ef 4.1–5; Flp 2.1–11); que la única verdadera sabiduría es la que «Dios predestinó... para nuestra gloria» (1.18–3.4), y que solo Cristo es el fundamento de nuestra salvación (3.5–4.5; cf.1 Ti 2.5–6).
En seguida, trata de orientar a sus lectores respecto a otros males que ya estaban presentes en la iglesia, pero cuyo progreso había que impedir sin pérdida de tiempo: una situación incestuosa consentida por la congregación (5.1–13), pleitos surgidos entre los creyentes y promovidos ante jueces paganos (6.1–11), comportamientos sexuales condenables (6.12–20) y actitudes indignas entre los participantes en el culto, especialmente en la Cena del Señor (11.17–22, 27–34).
Junto a todas estas instrucciones, la carta contiene las respuestas del apóstol a las preguntas de los corintios relacionadas con el matrimonio cristiano y el celibato (7.1–40), con el consumo de alimentos que antes de su venta pública habían sido consagrados a los ídolos (8.1–13; 10.25–31) o con la diversidad y ejercicio de los dones otorgados por el Espíritu Santo (12.1–14.40).
Otros textos, relacionados con cuestiones doctrinales y de testimonio cristiano, incluyen amonestaciones en contra de la idolatría (10.1–11.1) y consideraciones sobre el atavío de las mujeres en el culto (11.2–16) y sobre la institución de la Cena del Señor (11.23–26). Notables por su belleza y su profundidad de pensamiento son el poema de exaltación del amor al prójimo (12.31b—13.13) y la extensa declaración acerca de la resurrección de los muertos (15.1–58).
El cuerpo central de 1 Corintios, prologado por un saludo y una presentación temática de carácter general (1.1–9), concluye con un epílogo que contiene breves indicaciones acerca de la ofrenda para la iglesia de Jerusalén, más las acostumbradas salutaciones y notas personales (16.1–24).

Esquema del contenido:


Prólogo (1.1–9)
1. Divisiones en la iglesia (1.10–4.21)
2. Pablo corrige a la iglesia (5.1–6.20)
3. Sobre el matrimonio (7.1–40)
4. La libertad cristiana (8.1–11.1)
5. La vida de la iglesia (11.2–34)
6. Los dones del Espíritu Santo (12.1–14.40)
7. La resurrección de los muertos (15.1–58)
Epílogo (16.1–24)

Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.
La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4254.
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martes, 30 de noviembre de 2010

Análisis del Libro de Jueces

Autor: Desconocido; la tradición atribuye el libro a Samuel.

Tema Principal: La historia de Israel durante los 14 jueces. Describe una serie de caídas en la idolatría por parte del pueblo de Dios, seguidas por invasiones de la Tierra Prometida y la opresión causada por sus enemigos.

La narración se centra alrededor de las personalidades de los jueces que fueron levantados para ser libertadores de Israel. Se resalta especialmente en el registro el lado oscuro del panorama.

Un estudio de las fechas parece mostrar que el pueblo mantuvo una lealtad exterior al Señor un período de tiempo más largo que lo que podría indicar una lectura casual del libro.

El libro

Con el nombre de jueces (hebreo, shofetim) se disgna en el AT a una serie de personajes que se esforzaron por dirigir al pueblo y mantenerlo a salvo de la hostilidad y el dominio de sus vecinos. Estos personajes vivieron durante el período comprendido entre la muerte de Josué y los años inmediatamente anteriores al inicio de la monarquía de Israel (s. XIII-XI a.C.). Más que jueces en el sentido estricto de administradores de la justicia, eran héroes que de modo ocasional guiaron a las tribus israelitas en su lucha por permanecer en los territorios conquistados (2.16).

De hecho, la raíz verbal de donde procede el sustantivo hebreo traducido por juez encierra también los significados de guía, dirección y gobierno. Y es muy probable que la idea de gobernar sea la original, y que de ella se haya derivado la de juzgar, dado que la judicatura es una responsabilidad inherente al gobernante o al aparato de gobierno.

El libro de Jueces (=Jue) narra algunas de las acciones de guerra en las que aquellos héroes acaudillaron a una o más de las tribus de Israel. En situaciones difíciles, cuando enemigos externos hicieron peligrar la supervivencia del pueblo en Canaán, «Jehová levantó un libertador a los hijos de Israel y los libró» (3.9). Aunque el carácter militar de estos jueces ed evidente, el libro pone de relieve que todos ellos actuaron como instrumentos del Señor, suscitados y movidos por su Espíritu para llevar a cabo una misión especial, en un preciso momento y por un tiempo limitado. En las hazañas que realizaron se reveló siempre el poder de Dios, que, pese a las frecuentes actitudes reprobables de los israelitas, nunca dejó de cuidarlos con solicitud paternal y de sostenerlos para que no sucumbieran víctimas de sus vicisitudes.

En la descripción de estos personajes no existe un patrón común de identificación. Así, Débora se distingue como una profetisa que, al pie de una palmera, gobierna al pueblo y atiende a quienes solicitan su mediación en casos de litigio (4.4–5); Gedeón es un campesino de humilde extracción social (6.11); Jefté, hijo de una prostituta, capitaneó, al parecer, una banda de malhechores (11.1,3); y Sansón, el joven celebrado por su excepcional fortaleza física (16.3), no sabe resistirse a los encantos de una mujer filistea (16.17).

Contenido del libro

La historia de los jueces se reduce en el libro a una serie de narraciones episódicas e inconexas. Y el tratamiento que reciben los protagonistas es muy desigual, pues mientras que a unos pocos se les dedican varios capítulos (Débora, Gedeón, Jefté, Sansón y Micaía), de otros solo se menciona el nombre, acompañado, si acaso, de una brevísima noticia personal (Otoniel, Aod, Samgar, Tola, Jair, Ibzán, Elón y Abdón).

Se ha observado, en cambio, que los episodios registrados en Jueces se ajustan a un cierto modelo redaccional, en virtud del cual nos es dado percibir una especie de visión global de la época de referencia. Dicho modelo, generalmente definido como «esquema de cuatro tiempos», es como sigue:

Primer tiempo: Fidelidad del pueblo. Bajo el caudillaje de un juez que gobierna o dirige, el pueblo se mantiene fiel al Señor y vive un período de paz y de prosperidad (3.11,30; 5.31; 8.28).

Segundo tiempo: Infidelidad del pueblo. A la muerte del juez sobreviene una etapa en que los israelites vuelven «a hacer lo malo ante los ojos de Johová» (4.1; 13.1), se apartan del Señor y van «tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores» (2.12–13; 3.7; 10.6).

Tercer tiempo: Enojo de Dios. La infidelidad de Israel provoca la ira del Señor, que los entrega en manos de sus enemigos (2.14,20–21; 3.8; 4.2; 10.7).

Cuarto tiempo: Arrepentimiento de Israel. Sometidos a la opresión de sus vecinos, los israelitas lamentan haber sido infieles al Señor. Arrepentidos, suplican su auxilio (3.9,15; 4.3; 6.6), Israel recupera la libertad y vive tranquilo durante cuarenta años (3.11; 5.31; 8.28; por excepción, en 3.30 se lee ochenta años, que equivale a dos veces cuarenta años). Al cabo de ese período en que "reposa" el país, comienza el ciclo de nuevo.

Esquema del contenido

1. Introducción general al período de los jueces (1.1–3.6)

a. Los israelitas se establecen en Cannaán (1.1–2.5)

b. Síntesis histórica del período de los jueces (2.6–3.6)

2. Los jueces de Israel (3.7–16.31)

a. De Otoniel a Samagar (3.7–31)

b. Débora, la profetisa (4.1–5.31)

c. Gedeón y Abimelec (6.1–9.57)

d. Tola y Jair (10.1–5)

e. Jefté (10.6–12.7)

f. De Ibzán a Absón (12.8–15)

g. Sansón (13.1–16.31)

3. Apéndices (17–21)

a. El sacerdote Micaía y los danitas (17.1–18.31)

b. El levita y su concubina. La querra contra los benjaminitas (19.1–21.25)

Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.


La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4213


Información tomada de la pagina: Linaje escogido.tripod.com


NOTA: cualquier corrección a lo aquí escrito favor de dármelo a conocer para hacer la debida corrección.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

LA MARÍA DE LA BIBLIA. (parte V)

LA REINA DEL CIELO.


Isis y María, ambas llamadas "reinas del cielo".
Los católicos frecuentemente llaman a María la reina del cielo. Oran a María llamándola reina del cielo. Esta expresión únicamente se encuentra en el libro de Jeremías. En Jeremías se esta refiriendo a las diosa de los cananeos que era conocida por varios nombres en diferentes culturas pero era la misma.
Los babilónicos____________     Istar.
Los egipcios_____________       Isis o Anat.
Los cananeos______________    Astoret.
Los Romanos______________    Diana.
Los corintios_____________      Afrodita.

Dios dijo al profeta que adorar a la reina del cielo era una abominación. Jeremías 7:16-18 y Jeremías 44.
La adoración que la iglesia católica otorga a María tiene sus raíces en el paganismo.

Originalmente este titulo le fue otorgado a Semaniris madre y esposa de Nimrod. Seminaris era una mujer malévola quien se caso con su hijo Nimrod (Génesis 10:8) y juntos establecieron las ciudades de Babilonia, Nínive, Rehobot, Cala y Resén. Ellos fueron los que comenzaron la religión de Baal. Seminaris se llamó Istar (la amante de los dioses, y reina del cielo) y Nimrod se llamó baal (rey del cielo).el fue uno de los lideres en la edificación de la torre de babel, (un intento del hombre de destronar a Dios) tanta fue la maldad de Nimrod que Canaán lo mato, y puso en cada ciudad de las que Nimrod había establecido partes de su cuerpo. Seminaris tratando de encontrar la forma de mantener el control y promover su religión. Dijo que Nimrod se había reencarnado en ella milagrosamente. Ella dio a luz un hijo, (diciendo que había concebido de los dioses sin haber conocido varón) y dio a luz un hijo cuyo nombre era Tamuz. Desde eses momento se estableció fuertemente en todas las culturas antiguas la adoración de baal y Astoret.
Uno de los títulos principales era “reina del cielo y madre de dios”.

En Egipto unas excavaciones encontraron un monumento a la diosa Isis o Anat en la cual encontraron una inscripción que lee: “Anat, la reina del cielo, la amante de los dioses.”


La forma en la cual la adoraban era preparar incienso y tortas de miel y harina hechas en forma de luna. Ella era considerada la amante de baal o Moloc el rey del cielo. Era la dios de la fertilidad, por tanto su adoración era pedir por una buena cosecha. (Por eso es que ellos atribuyen en Jeremías 44, que por no adorarla estaban con hambre.) Parte de la adoración era de tener una orgia en su honor. Si ella era la amante de los dioses, ¿Por qué atribuirle este mismo titulo a la “virgen María”?

Es por que la María del catolicismo no es la María de la Biblia. Si no simplemente la diosa de las culturas antiguas, cuyo nombre han cambiado para poder la incorporar en el cristianismo.

La Inmaculada Concepción:

Esta doctrina fue establecida en el año 1845 por el Papa IX. Esto es una incorporación del baalismo. Esta doctrina también se creía es de Seminaris. La religión de baal era lo que trastorno al pueblo de Israel. Y ahora el diablo procura usar de la misma mentira para engañar a millones de personas que se encuentran dentro de la iglesia católica. Pero en si, no hay nada en absoluto en la Biblia que sustente el dogma de la inmaculada concepción. Los eruditos católico romanos se ven en grandes dificultades en tratar de comprobar dicha dogma como bíblico.
Es hora de que los verdaderos cristianos proclamemos la verdad. El único camino a la salvación es Jesucristo, no hay otro. Solo en el nombre de Jesús es que podemos encontrar la salvación. Sacar a las almas que se encuentran aprisionadas y engañadas por el enemigo y llevarlas a la luz de la Palabra de Dios.

La Asunción de María.

En 1950 el Papa Pió XII anunció que Dios le había revelado que María por ser inmaculada al igual que Jesús ascendió al cielo en cuerpo y alma. María no experimentó la muerte y la corrupción en su cuerpo sino ascendió al cielo.

La iglesia católica se vio obligada en decir esto porque, muchos señalaban la muerte de María como prueba segura de que no era inmaculada. Romanos 6:23. Si ella había muerto es porque era pecadora al igual que todos nosotros. Bajo estas condiciones el Papa se ve obligado de anunciar la doctrina conocida como la “inmaculada asunción”.
La verdad del caso es que es una doctrina que no tiene ni la más mínima referencia en la Biblia. Por tanto con eso es suficiente como para concluir que dicha doctrina es completamente falsa. Pero también hay evidencias histórica y arqueológicas que demuestran la falsedad de esta doctrina.

Después del día de Pentecostés la Palabra de Dios ya no menciona a María. Esto en sí nos indica que ella no ocupaba el enfoque como la iglesia católica le atribuye hoy. Ni en los libros apócrifos del nuevo testamento la encontramos mencionada.

La Muerte de María según la leyenda sitúa a María en Éfeso acompañando a Juan, y de hecho ahí se enseña a los turistas su presunta tumba. Esta leyenda se debe a una monja Agustina llamada Ana Catalina Emmerich. Siendo que las doctrinas de la inmaculada concepción y la sunción de María aún no habían sido inventadas. Esta monja afirmaba tener visiones de hechos relacionados con personajes bíblicos e insistió que María había ido a Éfeso con el apóstol Juan y que había muerto en Panagaguia Kapilli, al sur de la ciudad. Lo cierto es que la mayoría de historiadores y arqueólogos insistían que esta leyenda es pura fantasía.

La gran mayoría de historiadores (con excepción de historiadores católicos desde el año 1950 cuando se invento la doctrina de la asunción de María) sienten que María esta sepultada en Cedrón e el valle de Josafat, en un jardín denominado Getsemaní. Esto se debe a varios relatos históricos y excavaciones arqueológicas.
Cuando los cruzados llegaron a Jerusalén en 1130. En sus escritos quedó grabado que habían encontrado la tumba de María. En su gran celo religioso, como aún no se había inventado la doctrina de la asunción de maría, ellos reconstruyeron su tumba. En febrero de 1972 hubo una inundación en esa área del valle de Josafat. La inundación lleno de barro y agua la tumba de maría, y varios arqueólogos fueron e hicieron varias excavaciones y estudios del presunto lugar. Al terminar sus estudios concluyeron sin lugar a duda, que la tumba era de María y los huesos encontrados eran de la misma. Estas conclusiones fueron nuevamente confirmadas por el arqueólogo B. Bagatti.

CONCLUSIÓN:
Pese a las evidencias que se han mostrado, todavía hay unos que prefieren vivir en el error. Pero nosotros los Pentecostales nos respaldamos en la Palabra de Dios y ponemos la mirada en el Señor Jesús. A nuestros amigos católicos les pregunto a la luz de lo antes visto, ¿Cómo es que insisten en el error? Si tanto honran a María ¿Por qué no obedecer la única orden que ella dio en Juan 2:5?
La verdad es que no predican la verdadera maría de la biblia, sino la María del paganismo y mitología. La verdadera María era una fiel sierva del Señor, pero imperfecta.
Una mujer llena del espíritu santo y bautizada en el Nombre de Jesús. Una hija de Dios que su único deseo era el de agradar a Dios y que toda honra y gloria fuera rendida únicamente a Él. Esa es la verdadera María de la Biblia y no dl catecismo.

8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas basadas en las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según Cristo.
9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad, 10 y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.
Colosenses 2:8-10.

Estudio tomado del libro
El catolicismo bajo la lupa de la Palabra de Dios.
Autor:Pastor Esteban Drost.
Editorial: Pentunida.

viernes, 5 de noviembre de 2010

LA MARÍA DE LA BIBLIA.(parte IV)

¿ERA VIRGEN PERPETUA?


Una de las doctrinas fundamentales de la iglesia católica tocante a la mariología. Es que María permaneció virgen. Enseñan que María antes del nacimiento de Jesús era virgen, cosa que la Biblia declara. Pero que durante el parto y después del nacimiento de Jesús ella permaneció virgen. Cosa la cual la Biblia no sustenta.

JESÚS TUVO HERMANOS.
En varios lugares en el Nuevo testamento encontramos referencia a los hermanos de Jesús. En este estudio queremos dar una lista de todos ellos y también analizar los argumentos que usan los católicos romanos para contestar ante estas Escrituras.
Jesús tenia hermanos y hermanas: Mateo 12:46, 13:55-56, Marcos 3:31, 6:3-4, Lucas 8:19, Juan 2:12, 7:5, Hechos 1:14, 1 de Corintios 9:5, Gálatas 1:19, cada una de estas escrituras hace referencia clara al hecho de que Jesús tenía hermanos.

LO QUE DICEN LOS CATÓLICOS ROMANOS.
Que son primos hermanos. Los católicos tratan de decir que al hablar de los hermanos de Jesús están hablando de primos o parientes.
Dicen que la palabra griega que es usada, también puede usarse de manera general.
Es cierto que la palabra “adelfos” puede entenderse en un sentido más amplio. Pero su principal significado habla de una relación de linaje compartido. A menos que el contexto sugiere de otra forma, el principal significado de una palabra es el que intenta comunicar. Es decir si el espíritu Santo hubiera querido que los cristianos veneraran a María como “siempre virgen”, no se hubieran referido a estos familiares de Jesús como hermanos o hermanas sino con otra calificación.
Vemos como antes de Jesús el espíritu santo enfatiza ves tras ves que María era virgen, pero después de su nacimiento no encontramos más esa intención. Además, si el Espíritu Santo hubiera querido expresar un parentesco más distante, hubiera usado otras dos palabras que están disponibles. Pablo usa la palabra “anepsios”, que significa primo para identificar a marcos como primo de Bernabé. (Colosenses 4:10). Lucas usa “suggens”, que tiene un significado más general como pariente, para identificar a Elizabeth como la pariente de María. (Lucas 1:36). Si fuera que los hermanos de Jesús eran parientes distantes, ¿por qué es que el evangelista Lucas no usó la palabra “suggens” en Lucas 8:19, Hechos 1:14? La razón es sencilla, es porque no eran parientes lejanos o primos, sino hermanos carnales de Jesús.

Que son discípulos de Jesús. Hay unos católicos que tratan de decir que al hablar de hermanos esta hablando de los discípulos por lo que dijo Jesús en Mateo 12:46-50. Esto no puede ser por que en varias ocasiones menciona a los hermanos de Jesús como aparte de los discípulos. Hechos 1:14, Gálatas 1:19, I de Corintios 9:5, Juan 2.12. Y en otras ocasiones hasta da los nombres de los hermanos de Jesús. Mateo 13:55-56, Marcos 6:3-4. Por tanto esto no puede ser.

Son hijos de José de un previo matrimonio. Con este argumento simplemente tratan de encontrar cualquier excusa para no enfrentarse a los hechos reales. Pero analicémoslo:

  • No hay absolutamente nada que indique esto en la Biblia. Si esto fuera el caso y Dios quería dejar en claro el hecho que María había sido virgen perpetua, ¿Por qué no aclaró el Espíritu Santo que estos hermanos eran de José de un matrimonio previo? ¡Es por que no lo eran!
  • En los salmos encontramos que hay profecías sobre el Mesías. A estos Salmos se les conoce como “Salmos Mesiánicos”. Un buen ejemplo de este tipo de Salmo es el Salmo 22, donde David bajo la inspiración del Espíritu Santo canta de la agonía que pasaría Jesús en la cruz del calvario. Otro ejemplo es el Salmo 69. Romanos 15:3 cita a este salmo como salmo profético. Mateo 27:48, Marcos 15:36, Juan 19:28-29, cita el verso 21 de este Salmo. Pedro en Hechos 1:20 cita el verso 25 de este Salmo. En Romanos 11:9-10 Pablo cita los versos 22-23 como proféticos del Mesías. El verso 28 es citado varias veces en Apocalipsis. (3:5, 13:8, 17:8) el verso 9 es citado por Juan y Pablo (Juan 2:17, Romanos 15:3). Por tanto queda establecido que el Salmo 69 es un Salmo mesiánico, y lo que dice este Salmo sobre el Mesías es muy significante, así que observe lo que dice el verso 8. “extraño he sido para mis hermanos, Y desconocido para los hijos de mi madre”. Esta profecía se cumplió en Juan 7:1-5.


DESPUÉS DEL NACIMIENTO DE JESÚS, EL MATRIMONIO DE JOSÉ Y MARIA SE NORMALIZÓ.
En Mateo 1:25 nos dice; “pero no la conoció hasta que dio a luz su hijo primogénito…” Es decir que después del nacimiento de Jesús el matrimonio de José y María era un matrimonio normal. Ellos tuvieron hijos y un hogar normal. También este mismo texto y en Lucas 2:7 nos dice que María dio a luz a su hijo primogénito. Jesús es el hijo unigénito (único engendrado) de Dios, y el primogénito (primero en nacer) hijo de María.


A la Luz de las evidencias abrumadoras que presenta la Biblia. La única conclusión verídica sería decir que Jesús tuvo hermanos carnales, su hogar se normalizo, y María tuvo hijo primogénito no unigénito. Por consiguiente María no es virgen perpetua como la pintan los católicos, sino un tremendo ejemplo para todo hijo de Dios, pero no digna de nuestra adoración.


Si Dios hubiera querido que María permaneciera virgen, Él lo pudiera haber hecho. Para Dios no hay nada imposible. ¿Pero cual seria el propósito? Si el permanecer virgen era algo bueno, ¿Por qué es que no se encuentra algo con referencia a ello en la Palabra de Dios? Si no al contrario en Génesis 1:28, la Biblia nos da la orden de fructificar. Si fuera algo malo el no permanecer virgen, ¿Por qué la orden de Dios? ¿Será que Dios ordenó algo que realmente es pecado o un moral inferior al de no tener hijos? Si el permanecer virgen o el no tener hijos es más importante, ¿Por qué la escritura de 1 de Timoteo 2:15?

Nuestros amigos católicos han perdido de vista la verdadera razón por la cual Dios escogió que fuera como señal que una virgen concibiera y daría a luz un hijo. No es por que ella, por ser virgen, era más santa que todas las demás. Sino porque era señal segura que lo sucedido era directamente de Dios, sin intervención del hombre. Sino algo que solamente Dios pudo hacer. Era una señal de la venida del Dios Todopoderoso venido en carne para salvar la raza humana.




Estudio tomado del libro
El catolicismo bajo la lupa de la Palabra de Dios.
Autor:Pastor Esteban Drost.
Editorial: Pentunida.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

LA MARIA DE LA BIBLIA (Parte III)

MARIA NO TENIA UN ENTENDIMIENTO PLENO DEL MINISTERIO Y EL PROPOSITO DEL SEÑOR JESÚS.

EL CARÁCTER DE MARIA.

El carácter de la María en la Palabra de Dios, es muy diferente al que pinta la iglesia católica. En las escrituras encontramos una María fiel al Señor, pero imperfecta, y sin comprender a cabalidad el ministerio de su hijo.
Lo que la Biblia nos muestra es una mujer que aunque no comprendía por completo todo tocante al Señor Jesús, todavía ejercía fe en Dios. ¡Que tremendo ejemplo para nosotros hoy! Pero aunque es un tremendo ejemplo, no es digna de nuestra adoración.
Una de las pruebas más grandes de que María de la biblia no era inmaculada, como es la María del catolicismo. Es que realmente no comprendió el propósito del ministerio de Jesús. Veamos algunos ejemplos de ello:

  • El nacimiento del señor Jesús. El nacer de Jesús en Belén de Judea, los ángeles anunciaron a unos pastores la llegada del mesías prometido. Los pastores vinieron apresuradamente a ver y adorar a Jesús. Después que los pastores se habían ido, el evangelista Lucas bajo la inspiración del Espíritu Santo nos da un detalle que confirman las características antes mencionadas de María. Lucas 2:19 “pero María guardaba todas las cosas meditándolas en su corazón.” Es decir, ella no comprendió el por que llegaron los pastores para adorar a su bebé. Y precisamente porque no lograba entender, María meditaba en esto de manera continua.

  • En la adolescencia del señor Jesús. El siguiente relato que encontramos de María y Jesús. La encontramos en Lucas 2:41-51, cuando Jesús tenia doce años de edad. Junto con sus padres fueron al templo a Jerusalén. Al regresar ellos a Nazaret, después que habían terminado las fiestas, Jesús se había quedado en Jerusalén con los doctores de la ley. José y María pensaron que Jesús venia con unos de los parientes. Cuando se dieron cuenta que Jesús no venia con ellos en el camino, regresaron a Jerusalén y lo hallaron en el templo. Al encontrarlo sentado con los doctores de la Ley se sorprendieron, es decir, que hallaban eso raro y extraño. María le dijo; “hijo. ¿Por qué nos has hecho así? He aquí tu padre y yo te hemos buscado con angustia.” Jesús les responde en el verso 49. Pero el verso 50, nos demuestra algo significativo de María, dice: “mas ellos (incluye a María) no entendieron las palabras que les hablo.” Ni María ni José llegaron a captar el profundo de la respuesta. Y de igual manera como en el caso de los pastores, María se limitó a guardar aquellas palabras y meditarlas en su corazón.

  • Durante el ministerio del señor Jesús. El primer relato lo encontramos en Juan 2, donde Jesús convierte el agua en vino. El hacho de que se había acabado el vino provoco una rápida reacción de María, quien hizo notar a Jesús la falta de vino. Jesús le dijo “¿Qué tienes con migo mujer? Aun no ha venido mi hora.” Sin duda las intenciones de María eran buenas, pero había también un claro desconocimiento de cómo debía desarrollarse la misión de Jesús.

  • Esta misma tendencia de inferir en el ministerio público del Señor, vuelve a aparecer repentinamente en los evangelios. Cuando Jesús estaba predicando, María y los hermanos de Jesús lo pretendían interrumpir para hablar con Él. A esto el señor Jesús responde de una manera muy clara: “y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: he aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi padre que esta en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.” Mateo 12:46-50.
Vemos que en ningún momento, Jesús otorgó una consideración especial a su madre por razón de serlo. De hecho consideraba de igual valor para Él a cualquiera que hiciere la voluntad de Dios.

Aunque Jesús reconocía la bienaventuranza que significaba el haberle dado a luz. Él consideraba que existían bendiciones espirituales mayores. En cierta ocasión mientras Jesús predicaba, una mujer de en medio de la multitud levanto la voz y dijo. “Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste.” Una clara referencia a María. Si Dios hubiera querido que a María le rindiéramos adoración, este hubiera sido el momento preciso de establecerlo. Pero Jesús procede a enseñar que hay una bendición aun mayor. Note lo que dice: “…antes bienaventurado los que oyen la Palabra de Dios, y la guardan.” Lucas 11:27-28. Sin duda el ser la madre de Jesús esa un signo de bendición. Pero ante los ojos de Jesús, el escuchar la palabra de Dios y guardarla es mucho mejor.

Estudio tomado del libro
El catolicismo bajo la lupa de la Palabra de Dios.
Autor:Pastor Esteban Drost.
Editorial: Pentunida.

viernes, 29 de octubre de 2010

LA MARÍA DE LA BIBLIA (PARTE II)

SOLO HAY UN MEDIADOR Y EN ÉL ESTAMOS COMPLETOS.


¿Intercede María por nosotros?
La iglesia católica enseña que María intercede por nosotros. Que ella es corredentora. Enseñan que Jesús no tiene misericordia por lo tanto debemos orar a María para que ella interceda por nosotros y obtengamos la salvación.

Esto es una doctrina que ataca de inmediato la bondad de Jesús y eleva a María por encima de Él. Pero ¿es María la redentora? ¿Debemos orara a María? ¿Nos podrá salvar a nosotros?

Mientras aseguran que María es la que contesta la oración, que ella es la madre de Dios, la imagen y el principio de la iglesia. Pero estas son cosas que la Biblia atribuye exclusivamente al Señor Jesús:

• Un solo mediador________________________________________________ 1 de Timoteo 2:5.
• Toda la plenitud de la deidad habita en Jesús__________________________ Colosenses 2:9.
• Jesús es el principio de la iglesia y de todas las cosas ____________________ Colosenses 1:17-18.
• En Jesús es que realmente estamos completos. ________________________ Colosenses 2:10.
• Jesús es la cabeza de la iglesia_______________________________________ Efesios 1:22-23, 4:15.
• Jesús es el fundamento de la Iglesia __________________________________ 1 de Corintios 3:11.
• Jesús es el camino a la vida eterna____________________________________ Juan 14:6.

De todo lo que se le trata de atribuir a María, la Biblia dice todo lo contrario. Solo en Jesús hay salvación, solo en Jesús hay sanidad, solo en Jesús hay perdón de pecados. El atribuir a María las cosas que únicamente le pertenecen a Dios es en realidad deshonrarla.

La iglesia católica dice que María es la madre de todo creyente, pero la Biblia no nos dice nada con respecto a la “Nuestra Madre”. Si fuera que hubiera tan solo un lugar en la Biblia donde habla de la “Madre Nuestra” tendrían en donde apoyarse. Pero la realidad del caso es que la Biblia carece completamente de algún ejemplo donde debemos orar a la madre nuestra. El Señor Jesús nos mando en varias ocasiones que oráramos al Padre. Él nos enseña a orar diciendo “Padre NuestroMateo 6.9.
En Juan 15:1-8 se encuentra un tremendo sermón que predico nuestro Señor a sus discípulos. Él les dio a conocer que nosotros dependemos de Él para nuestra vida espiritual y no de ningún otro. Jesús es la vid y nosotros los pámpanos. Solamente en Jesucristo es que encontramos la salvia pura para el desarrollo de nuestra vida espiritual.

No hay necesidad de acudir a María ella solamente es un pámpano mas, la vid es el Señor Jesús. En el verso 5 nos dice “…porque separados de mi nada podéis hacer.” Aún María no puede vivir aparte de si misma, ella no es la señora de sí misma. Solo en Jesús podemos encontrar la vida eterna.

¿Es María la única bendita entre todas las mujeres?

Los católicos dicen a muy a menudo que María es bendita entre todas las mujeres de la tierra. Pero en la misma Biblia católica encontramos el libro de Judit que en 13:18 dice de Judit “hija mía que el Dios altísimo te bendiga más que a todas las mujeres de la tierra”


¿Será que Judit era más bendita que María?

Estudio tomado del libro
El catolicismo bajo la lupa de la Palabra de Dios.
Autor:Pastor Esteban Drost.
Editorial: Pentunida.