miércoles, 4 de mayo de 2011

ANALISIS DEL LIBRO DE LEVITICOS.

Autor: Moisés, es el autor generalmente aceptado.
Nombre: Derivado del nombre de la tribu de Leví. En Hebreo Vayikra (וַיִּקְרָא)
Palabra Clave: Acceso y Santidad.
Contenido: Un compendio de las Leyes Divinas.
Personaje Central: El sumo sacerdote.
Tema Central: ¿Como puede un hombre pecador acercarse a un Dios Santo? La palabra santo ocurre más de ochenta veces en el libro.
El título
La Septuaginta llamó Levítico (=Lv) a este tercer libro de la Biblia, posiblemente para indicar que se trata de un texto destinado de modo particular a los levitas. Estos estaban encargados de ejercer el ministerio sacerdotal y de atender a los múltiples detalles del culto tributado a Dios por los israelitas. La Biblia hebrea, conforme a la norma observada en todo el Pentateuco, nombra el libro por su primera palabra, WayiqraŒ, que significa "y llamó".
Los levitas
En el reparto de Canaán, los levitas (es decir, los miembros de la tribu de Leví) recibieron, en lugar de territorio, cuarenta y ocho «ciudades donde habitar» (Nm 35.2–8; cf. Jos 21.1–42; 1 Cr 6.54–81), repartidas entre las tierras asignadas al resto de las tribus. Ellos, en cambio, habían sido separados por Dios para servirlo, para que cuidaran de las cosas sagradas y celebraran los oficios religiosos. Esta es la función específica asignada a los levitas, sobre todo después que el culto y cuanto con él se relacionaba quedó centralizado en el templo de Jerusalén.
Contenido del libro
En su mayor parte, el Levítico está formado por un conjunto de prescripciones extremadamente minuciosas, tendientes a hacer del ceremonial cúltico, como expresión de la fe en Dios, el eje a cuyo alrededor debía girar la totalidad de la vida del pueblo.
Este libro ritualista, lleno de instrucciones sobre el culto y disposiciones de carácter legal, encierra un mensaje de alto valor religioso, en el que la santidad aparece como el principio teológico predominante. Jehová, el Dios de Israel, el Dios santo, requiere del pueblo escogido como suyo que igualmente sea santo: «Santos seréis, porque santo soy yo, Jehová, vuestro Dios» (19.2). En consecuencia, todas las normas y prescripciones del Levítico están ordenadas al fin último de establecer sobre la tierra una nación diferente de la demás, apartada para su Dios, consagrada enteramente al servicio de su Señor. Por eso, todas las fórmulas legales y todos los elementos simbólicos del culto —vestiduras, ornamentos, ofrendas y sacrificios— tienen una doble vertiente: por un lado, alabar y rendir el debido homenaje al Dios eterno, creador y señor de todas las cosas; por otro, hacer que Israel entienda el significado de la santidad y disponga de instrumentos jurídicos, morales y religiosos para ser el pueblo santo que Dios quiere que sea.
División del libro
El libro puede dividirse en varias secciones. La primera de ellas (cap. 1–7) está dedicada por entero a reglamentar la presentación de las ofrendas y sacrificios ofrecidos como demostración de gratitud al Señor o como signo de arrepentimiento y expiación de algún pecado cometido.
La segunda sección (cap. 8–10) describe el ritual seguido por Moisés para consagrar sacerdotes a Aarón y sus hijos. Consiste en un conjunto de ceremonias oficiadas por Moisés conforme a las instrucciones recibidas de Jehová (cf. Ex 29.1–37). Estos ritos de consagración, que incluían sacrificios de animales y el uso de vestiduras especiales, fueron el paso inicial para instaurar el sacerdocio aarónico-levítico, institución que fundamenta la unidad corporativa del antiguo Israel. El cap. 10 relata la muerte de dos hijos de Aarón a causa de un pecado de carácter ritual.
Los cap. 11–16 forman la tercera sección del libro, dedicada a definir los términos de la pureza y la impureza ritual. También fija las normas a las que, para recuperar la pureza legal, había de someterse todo aquel —o todo aquello— que hubiera incurrido en algún tipo de impureza. Esta sección se cierra con la descripción de los ritos propios del gran día de la expiación (en hebreo, Yom kippur), que todo el pueblo debe celebrar el día 10 del séptimo mes de cada año.
La cuarta sección (cap. 17–25) se ocupa de la llamada ley de santidad, enunciada de forma sintética en 19.2. Aquí nos hallamos en pleno corazón del Levítico, donde, junto a algunas instrucciones relativas al culto, se señalan las normas que Israel —sacerdotes y pueblo— está obligado a observar para que la vida de cada uno en particular y de la comunidad en general permanezca regida por los principios de la santidad, la justicia y el amor fraternal.
Los dos últimos capítulos incluyen, respectivamente, una serie de bendiciones y maldiciones, que corresponden a sendas actitudes de obediencia o desobediencia a Dios (cap. 26), y una relación de personas, animales y cosas que le están consagradas (cap. 27).
Esquema del contenido:
1. Ofrendas y sacrificios (1.1–7.38)
2. Consagración del sacerdote (8.1–10.20)
3. Leyes sobre la pureza y la impureza legal (11.1–16.34)
4. La "Ley de santidad" (17.1–25.55)
5. Bendiciones y maldiciones (26.1–46)
6. Sobre lo consagrado a Dios (27.1–34)


Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.
La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4209.
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miércoles, 27 de abril de 2011

ANALISIS DEL LIBRO DEL EXODO.

Análisis del Libro de Éxodo

Autor y Personaje Principal: Moisés, comúnmente aceptado.

Tema Principal: La historia de Israel desde la muerte de José hasta la construcción del tabernáculo.

Pensamiento Clave: Liberación.

El título

Este libro toma su nombre del hecho que constituye el hilo conductor de todo el relato: la salida de Egipto de los israelitas y los años que vivieron en el desierto antes de llegar a Canaán, la Tierra prometida. En efecto, lo mismo el vocablo griego éxodos utilizado por la Septuaginta, que el castellano equivalente, se definen propiamente como “salida”. A su vez, la Biblia hebrea titula el libro con una de sus palabras iniciales: Shemoth, que significa “nombres”.

La historia

El Éxodo (=Ex) ofrece algunos datos que, dentro de ciertos márgenes de probabilidad, permiten delimitar la época en que acontecieron los hechos referidos. Tales datos, aunque no bastan para establecer fechas precisas, son de un innegable valor histórico. Por ejemplo, 1.11 revela que los israelitas, residentes en Egipto durante 430 años (12.40–41), fueron obligados a trabajar en la construcción de dos ciudades: Pitón y Ramesés (llamada en egipcio Casa de Ramesés). Este hecho sucedió entre finales del s. XIV y principios del XIII a.C.


Contenido del libro

La primera parte del Éxodo (1.1–15.21) relata el cambio de situación que, para los descendientes de Jacob, supuso el que «un nuevo rey, que no conocía a José» (1.8), comenzara a reinar sobre Egipto. La narración no se ajusta a una cronología estricta, y a primera vista parece que los hechos se suceden sin solución de continuidad. Sin embargo, una lectura atenta lleva a la evidencia de que, entre el asentamiento de Jacob en Gosén (Gn 46.1–47.6) y el reinado del nuevo faraón, transcurrieron los 430 años de la permanencia de los israelitas en Egipto (cf. 1.7). Fue tan solo en el último tiempo cuando la hospitalidad egipcia (Gn 47.5–10) se trocó en opresión y los israelitas fueron reducidos a la esclavitud (1.13). En aquella penosa condición, sus súplicas llegaron a oídos del Señor (3.16), que llamó a Moisés y se le reveló en «Horeb, monte de Dios» (3.1) para confiarle la misión de liberar al pueblo (3.15–4.17). Con un extraordinario despliegue de señales portentosas, Dios, por medio de Moisés, obliga al faraón a dar libertad a la multitud israelita (12.37–38). Esta, después de haber celebrado la primera Pascua como signo de salvación, emprende la marcha camino del mar, y lo atraviesa a pie enjuto por el mismo punto en que luego las aguas cubrieron al ejército egipcio. El pueblo, entonces, junto con Moisés y María, expresa su gratitud a Dios entonando un canto, que es uno de los testimonios más antiguos de la milagrosa liberación de Israel (15.1–18, 21).
La segunda parte del libro (15.22–18.27) recoge una serie de episodios relacionados con la marcha de los israelitas por el desierto. Una vez atravesado el mar, se adentraron en los parajes secos y áridos de la península de Sinaí. En su nueva situación se vieron expuestos a graves dificultades y peligros, desconocidos para ellos hasta aquel entonces. El hambre, la sed y la abierta hostilidad de otros habitantes de la región, como los amalecitas, fueron causa de frecuentes quejas y murmuraciones contra Moisés y contra el Señor (15.24; 16.2; 17.2–7). Muchos protestaban y, pareciéndoles mejor comer y beber como esclavos que asumir las responsabilidades de la libertad, clamaban: «Ojalá hubiéramos muerto a manos de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos ante las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos» (16.3). Por esto, Moisés hubo de interceder en repetidas ocasiones delante de Dios en favor de los israelitas, y el Señor los atendió una y otra vez en todas sus necesidades. Los alimentó con codornices y maná (cap. 16), hizo brotar agua de la roca para que calmaran su sed (17.1–7; cf. Nm 20.2–13) y los libró de los enemigos que los acosaban (17.8–16).
La marcha por el desierto de Sinaí tenía como objetivo final el país de Canaán. Allí estaba la Tierra prometida, descrita como «una tierra que fluye leche y miel» (3.8). Pero antes de llegar a ella, el pueblo de Israel había de conocer que Jehová Dios lo había tomado de entre todos los otros de la tierra para serle consagrado como «el pueblo de su heredad», como «un reino de sacerdotes y gente santa» (cf. Dt 4.20; 7.6; Ex 19.5–6). El monte Sinaí fue el escenario escogido por Dios para establecer su pacto con Israel y constituirlo en su propiedad particular.
Ese pacto significaba, pues, un compromiso para el pueblo, que quedaba obligado a vivir en santidad. Esta era la parte que le correspondía guardar, en respuesta a la elección con que Dios lo había distinguido de manera gratuita. Para hacerlo posible, Dios mismo dio a conocer a su pueblo, en la ley proclamada en el Sinaí, lo que de él exigía y esperaba que cumpliera puntualmente.
La Ley (en hebreo, torah), que es dada a Israel por mano de Moisés, comienza con la serie de disposiciones universalmente conocida como El Decálogo o Los Diez Mandamientos, que empieza así: «Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí» (20.2–3). Con estas palabras queda establecida la vinculación exclusiva y definitiva de Israel con el Dios que lo había liberado y lo había atraído a él como «sobre alas de águila» (19.4). A partir del Decálogo, toda la Ley, con su evidente preocupación por defender los derechos de los más débiles (cf. p.e., 22.21–27), viene a sentar el fundamento jurídico de una comunidad creada para la solidaridad y la justicia, y consagrada especialmente al culto de su Señor, del Dios único y verdadero (25–31; 35–40).

Esquema del contenido:

1. Israel es liberado de su esclavitud en Egipto (1.1–15.21)
2. Los israelitas caminan hacia el monte Sinaí (15.22–18.27)
3. El pacto de Dios en el Sinaí (19.1–24.18)
4. Prescripciones para la construcción del Tabernáculo (25.1–31.17)
5. El becerro de oro. Renovación del pacto (31.18–34.35)
6. La construcción del Tabernáculo (35.1–40.38)


Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4208.

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miércoles, 29 de diciembre de 2010

ANÁLISIS DEL LIBRO DE RUT.

Autor: Desconocido; posiblemente Samuel.

Período: La época de los jueces.

Tema Principal: Como la vida de una joven moabita fue enriquecida. Es una bella historia, considerada como una gema literaria. Es uno de los dos libros de La Biblia en los que una mujer es el personaje principal - Rut, una moabita que se casó con un hebrero.

El libro

Con esta pequeña joya de la literatura bíblica, el género narrativo hebreo se remonta a una de sus más elevadas cotas artísticas. El libro lleva al lector a la época violenta y convulsa de los "jueces" de Israel (1.1); pero, en contraste con el clima inquieto que caracteriza la historia de aquellos héroes guerreros, Rut (=Rt) se presenta como un delicioso canto a la paz y a la serenidad de la vida campesina.

La Biblia hebrea incluye este libro en la tercera sección del canon, en el grupo de los Escritos (ketubim), entre Proverbios y Cantar de los Cantares. Tal colocación, unida a la presencia en el texto de determinados datos culturales y lingüísticos, apunta a la posibilidad de que Rut no alcanzara su forma definitiva hasta después del exilio babilónico, en fecha posterior a la de los hechos que narra. En la versión griega de los Setenta, el libro de Rut sigue al de Jueces, probablemente a causa del dato cronológico con que comienza el texto.

El relato

Rut, una muchacha de Moab, es el personaje principal de la historia. Casada con un israelita, hijo de Noemí, conoció muy pronto las amarguras de la viudez. Noemí, procedente de Belén de Judá, había emigrado con su esposo y sus dos hijos a tierras moabitas, donde murieron ellos tres, quedando Noemí «desamparada, sin sus dos hijos y sin su marido» (1.5). En aquella dramática situación, resolvió regresar a Belén; y así lo hizo, acompañada de su nuera Rut, que en un gesto de extraordinaria lealtad le había declarado: «Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios» (1.16; cf. 1.16–18). Era Rut una joven dotada de las más bellas cualidades: afectuosa, decidida y trabajadora, dispuesta incluso a poner su honor en entredicho con tal de perpetuar el nombre de su difunto esposo. El encanto personal de Rut atrajo en Belén a un pariente del marido de Noemí, un tal Booz, quien, conforme a leyes y costumbres de la época, la tomó por esposa. Con el nacimiento de Obed, su primer hijo, quedó asegurada la supervivencia del nombre familiar (4.10; cf. 1.11–13). Unos últimos apuntes en el texto de Rut revelan que Obed fue el abuelo paterno de David (4.17,21–22); de modo que Rut, una extranjera (2.10), no solo quedó incorporada al pueblo de Dios, sino, más sorprendentemente aún, a la estirpe misma de la monarquía davídica.

Junto a la rica personalidad de Rut, entra en juego la de Noemí, mujer generosa y sabia en sus consejos (1.8–13; 2.22; 3.1–4), que con plena confianza en el Señor se enfrenta decidida y valerosamente a un destino por demás doloroso.

El tercero de los personajes principales del libro es el hacendado Booz, hombre afectuoso, bien impuesto de sus derechos y decidido a hacerlos valer. Se muestra, además, cumplidor de todos los compromisos a que lo obliga su condición de pariente de Elimelec, entre los cuales está el matrimonio con Rut (4.3–12).

El mensaje

La historia, escenificada sobre todo en la pequeña aldea de Belén de Judá, está contada en términos de la vida diaria de gentes sencillas y de noble corazón. Frente al rigor de las concepciones étnicas sustentadas por el pueblo de Israel recién implantado en Canaán —entre ellas, la oposición a la unión de judío y extranjera (cf. Esd 9–10; Neh 13.23–27)—, Rut ofrece un panorama abierto a la amistad y a la relación pacífica con el forastero. Muy lejos del punto de vista de este relato queda cualquier forma de racismo o de nacionalismo cerrado. La narración es como un puente tendido en el AT hacia el mensaje del NT, hacia la predicación cristiana de la igualdad de todos los seres humanos ante los ojos de Dios (cf. Dt 23.3, 6 con Mt 28.16–20; Hch 1.8). Es un puente afirmado sobre una constancia histórica: la genealogía que se inicia en Rut la moabita y que llevará finalmente al nacimiento de Jesús (cf. Mt 1.5). Así, con su presencia en el AT, Rut prefigura, en dimensión profética, el valor universal de la obra redentora de Jesucristo.

Esquema del contenido:

1. La familia de Elimelec en Moab (1.1–5)

2. Noemí regresa con Rut a Belén (1.6–22)

3. Rut en el campo de Booz (2.1–23)

4. Booz se fija en Rut (3.1–18)

5. Booz toma a Rut por esposa (4.1–17)

6. Los antepasados del rey David (4.18–22)

Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4214

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viernes, 24 de diciembre de 2010

ANÁLISIS DEL LIBRO PRIMERA DE CORINTIOS.

Autor: El apóstol Pablo.

Marco Histórico: La iglesia de Corinto fue fundada por Pablo en su segundo viaje misionero. Esta se había contaminado con los males que le rodeaban en una ciudad licenciosa.
Los griegos estaban orgullosos de sus conocimientos y de su filosofía, pero al mismo tiempo eran muy inmorales.
Eran especialmente amantes de la oratoria.
Es evidente que Apolos, un judío cristiano elocuente que había venido a Corinto, se había ganado la admiración de los cristianos griegos. Este hecho llevó a hacer comparaciones entre él, con su elocuencia y persuasión, y otros líderes religiosos - Especialmente en el descrédito de Pablo, cuya apariencia física parece no haber sido impresionante (véase 2 Co 10:10). Esto probablemente es la clave de las divisiones en la iglesia, 1 Co 1:11-13. El deseo de Pablo era el de purificar la iglesia de facciones espirituales e inmoralidad, lo cual fue la causa primordial de la carta.

Corinto
La península del Peloponeso, en el sur de Grecia, es un territorio montañoso unido al resto del país por un istmo corto y angosto. En la época del NT estaba sometida a la administración romana, como parte de la provincia de Acaya, cuya capital, Corinto, se hallaba situada a pocos kilómetros al sudoeste del istmo.
A lo largo de su existencia, Corinto conoció el esplendor y la miseria. En el 146 a.C. estuvo a punto de desaparecer, arrasada por los romanos; pero un siglo después, en el año 44 a.C., la propia Roma dispuso que la ciudad fuera reconstruida y habilitada en ella la residencia del gobernador de la provincia. De este último dato quedó constancia en Hch 18.12–18, donde se dice que el procónsul Lucio Junio Galión gobernaba Acaya cuando Pablo llegó allí en su segundo viaje misionero.
Corinto tenía una doble salida al mar: al Adriático por el puerto de Lequeo, y al Egeo por el de Cencrea (cf. Hch 18.18 y Ro 16.1). Esa privilegiada situación geográfica reportaba no pocos beneficios a la ciudad, pues ambos puertos eran muy frecuentados por los barcos que hacían las rutas comerciales de los dos mares.
La población corintia, estimada en aquel entonces en unas 600.000 personas, incluía mercaderes, marineros, soldados romanos retirados y una elevadísima proporción de esclavos (alrededor de 400.000). Corinto era, además, un centro de incesante afluencia de peregrinos, que desde lejanos lugares acudían a rendir adoración a las diversas divinidades que en ella tenían un santuario.
La ciudad, famosa por su riqueza y cultura, lo era también por la relajación moral de sus habitantes y el libertinaje que dominaba las costumbres de la sociedad. Es posible que muchas de las críticas que se le hacían fueran exageradas, pero ciertamente la mala reputación de Corinto, fomentada por causas tan conocidas como la prostitución sagrada en el templo de Afrodita, era proverbial en toda la cuenca del Mediterráneo.

La iglesia corintia
En aquel ambiente, la existencia de una pequeña comunidad cristiana, compuesta en su mayor parte por personas sencillas, de origen gentil (1.26; 12.2) y reciente conversión, se veía sometida a fuertes tensiones espirituales y morales.
El anuncio del evangelio había sido bien acogido desde el principio, cuando Pablo, probablemente a comienzos de la década de los 50, llegó a Corinto procedente de Atenas. Durante «un año y seis meses» (Hch 18.11) permaneció entonces en la ciudad, entregado a la proclamación de la fe en Jesucristo (Hch 18.1–18).
Las primeras actuaciones del apóstol, según su costumbre, se encaminaron a entrar en relación con los judíos residentes (Hch 18.2, 4, 6, 8); pero la oposición de muchos de ellos lo llevó muy pronto a dedicar los mayores esfuerzos a la población gentil (Hch 18.6).
Durante el tiempo relativamente largo que Pablo pasó entonces en la capital de Acaya, parece que su labor consistió sobre todo en poner los cimientos para que otros después de él, como Apolos (1.12), pudieran seguir anunciando el evangelio en la región del Peloponeso (3.6–15).
Fecha y lugar de redacción
La Primera epístola a los Corintios (=1 Co) fue escrita en Éfeso, donde, según Hch 20.31, Pablo vivió tres años, probablemente entre el 54 y el 57. Mientras estaba allí, los creyentes de la congregación le hicieron llegar, posiblemente por conducto de Estéfanas, Fortunato y Acaico (cf. 16.17), algunas consultas, a las que respondió con la presente carta (cf. los pasajes que comienzan en 7.1, 25; 8.1, y también 10.23; 11.2; 12.1; 15.1).
Propósito
Más o menos por las mismas fechas, «los de Cloé» informaron al apóstol (1.11) de la difícil situación que estaban atravesando los creyentes corintios. Arrastrados por la fanática adhesión personal de unos a Pablo y de otros a Pedro o a Apolos (1.12; 3.4), entre todos habían puesto en grave peligro la unidad de la iglesia.
Además, los antecedentes paganos de la mayoría de aquellos hermanos seguían pesando en la conducta de algunos, y la general corrupción característica de la ciudad dejaba sentir su influencia en la congregación, de manera que incluso en su seno se daban casos de inmoralidad que exigían ser inmediatamente corregidos.

Contenido y estructura
Pablo comienza esta carta abordando el problema de las divisiones internas, amenaza que se cernía sobre la comunidad cristiana como un signo de incomprensión y olvido de determinadas afirmaciones básicas de la fe: que la iglesia es convocada a unidad de pensamiento y parecer (1.10–17; cf. Jn 17.21–23; Ef 4.1–5; Flp 2.1–11); que la única verdadera sabiduría es la que «Dios predestinó... para nuestra gloria» (1.18–3.4), y que solo Cristo es el fundamento de nuestra salvación (3.5–4.5; cf.1 Ti 2.5–6).
En seguida, trata de orientar a sus lectores respecto a otros males que ya estaban presentes en la iglesia, pero cuyo progreso había que impedir sin pérdida de tiempo: una situación incestuosa consentida por la congregación (5.1–13), pleitos surgidos entre los creyentes y promovidos ante jueces paganos (6.1–11), comportamientos sexuales condenables (6.12–20) y actitudes indignas entre los participantes en el culto, especialmente en la Cena del Señor (11.17–22, 27–34).
Junto a todas estas instrucciones, la carta contiene las respuestas del apóstol a las preguntas de los corintios relacionadas con el matrimonio cristiano y el celibato (7.1–40), con el consumo de alimentos que antes de su venta pública habían sido consagrados a los ídolos (8.1–13; 10.25–31) o con la diversidad y ejercicio de los dones otorgados por el Espíritu Santo (12.1–14.40).
Otros textos, relacionados con cuestiones doctrinales y de testimonio cristiano, incluyen amonestaciones en contra de la idolatría (10.1–11.1) y consideraciones sobre el atavío de las mujeres en el culto (11.2–16) y sobre la institución de la Cena del Señor (11.23–26). Notables por su belleza y su profundidad de pensamiento son el poema de exaltación del amor al prójimo (12.31b—13.13) y la extensa declaración acerca de la resurrección de los muertos (15.1–58).
El cuerpo central de 1 Corintios, prologado por un saludo y una presentación temática de carácter general (1.1–9), concluye con un epílogo que contiene breves indicaciones acerca de la ofrenda para la iglesia de Jerusalén, más las acostumbradas salutaciones y notas personales (16.1–24).

Esquema del contenido:


Prólogo (1.1–9)
1. Divisiones en la iglesia (1.10–4.21)
2. Pablo corrige a la iglesia (5.1–6.20)
3. Sobre el matrimonio (7.1–40)
4. La libertad cristiana (8.1–11.1)
5. La vida de la iglesia (11.2–34)
6. Los dones del Espíritu Santo (12.1–14.40)
7. La resurrección de los muertos (15.1–58)
Epílogo (16.1–24)

Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.
La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4254.
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martes, 30 de noviembre de 2010

Análisis del Libro de Jueces

Autor: Desconocido; la tradición atribuye el libro a Samuel.

Tema Principal: La historia de Israel durante los 14 jueces. Describe una serie de caídas en la idolatría por parte del pueblo de Dios, seguidas por invasiones de la Tierra Prometida y la opresión causada por sus enemigos.

La narración se centra alrededor de las personalidades de los jueces que fueron levantados para ser libertadores de Israel. Se resalta especialmente en el registro el lado oscuro del panorama.

Un estudio de las fechas parece mostrar que el pueblo mantuvo una lealtad exterior al Señor un período de tiempo más largo que lo que podría indicar una lectura casual del libro.

El libro

Con el nombre de jueces (hebreo, shofetim) se disgna en el AT a una serie de personajes que se esforzaron por dirigir al pueblo y mantenerlo a salvo de la hostilidad y el dominio de sus vecinos. Estos personajes vivieron durante el período comprendido entre la muerte de Josué y los años inmediatamente anteriores al inicio de la monarquía de Israel (s. XIII-XI a.C.). Más que jueces en el sentido estricto de administradores de la justicia, eran héroes que de modo ocasional guiaron a las tribus israelitas en su lucha por permanecer en los territorios conquistados (2.16).

De hecho, la raíz verbal de donde procede el sustantivo hebreo traducido por juez encierra también los significados de guía, dirección y gobierno. Y es muy probable que la idea de gobernar sea la original, y que de ella se haya derivado la de juzgar, dado que la judicatura es una responsabilidad inherente al gobernante o al aparato de gobierno.

El libro de Jueces (=Jue) narra algunas de las acciones de guerra en las que aquellos héroes acaudillaron a una o más de las tribus de Israel. En situaciones difíciles, cuando enemigos externos hicieron peligrar la supervivencia del pueblo en Canaán, «Jehová levantó un libertador a los hijos de Israel y los libró» (3.9). Aunque el carácter militar de estos jueces ed evidente, el libro pone de relieve que todos ellos actuaron como instrumentos del Señor, suscitados y movidos por su Espíritu para llevar a cabo una misión especial, en un preciso momento y por un tiempo limitado. En las hazañas que realizaron se reveló siempre el poder de Dios, que, pese a las frecuentes actitudes reprobables de los israelitas, nunca dejó de cuidarlos con solicitud paternal y de sostenerlos para que no sucumbieran víctimas de sus vicisitudes.

En la descripción de estos personajes no existe un patrón común de identificación. Así, Débora se distingue como una profetisa que, al pie de una palmera, gobierna al pueblo y atiende a quienes solicitan su mediación en casos de litigio (4.4–5); Gedeón es un campesino de humilde extracción social (6.11); Jefté, hijo de una prostituta, capitaneó, al parecer, una banda de malhechores (11.1,3); y Sansón, el joven celebrado por su excepcional fortaleza física (16.3), no sabe resistirse a los encantos de una mujer filistea (16.17).

Contenido del libro

La historia de los jueces se reduce en el libro a una serie de narraciones episódicas e inconexas. Y el tratamiento que reciben los protagonistas es muy desigual, pues mientras que a unos pocos se les dedican varios capítulos (Débora, Gedeón, Jefté, Sansón y Micaía), de otros solo se menciona el nombre, acompañado, si acaso, de una brevísima noticia personal (Otoniel, Aod, Samgar, Tola, Jair, Ibzán, Elón y Abdón).

Se ha observado, en cambio, que los episodios registrados en Jueces se ajustan a un cierto modelo redaccional, en virtud del cual nos es dado percibir una especie de visión global de la época de referencia. Dicho modelo, generalmente definido como «esquema de cuatro tiempos», es como sigue:

Primer tiempo: Fidelidad del pueblo. Bajo el caudillaje de un juez que gobierna o dirige, el pueblo se mantiene fiel al Señor y vive un período de paz y de prosperidad (3.11,30; 5.31; 8.28).

Segundo tiempo: Infidelidad del pueblo. A la muerte del juez sobreviene una etapa en que los israelites vuelven «a hacer lo malo ante los ojos de Johová» (4.1; 13.1), se apartan del Señor y van «tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores» (2.12–13; 3.7; 10.6).

Tercer tiempo: Enojo de Dios. La infidelidad de Israel provoca la ira del Señor, que los entrega en manos de sus enemigos (2.14,20–21; 3.8; 4.2; 10.7).

Cuarto tiempo: Arrepentimiento de Israel. Sometidos a la opresión de sus vecinos, los israelitas lamentan haber sido infieles al Señor. Arrepentidos, suplican su auxilio (3.9,15; 4.3; 6.6), Israel recupera la libertad y vive tranquilo durante cuarenta años (3.11; 5.31; 8.28; por excepción, en 3.30 se lee ochenta años, que equivale a dos veces cuarenta años). Al cabo de ese período en que "reposa" el país, comienza el ciclo de nuevo.

Esquema del contenido

1. Introducción general al período de los jueces (1.1–3.6)

a. Los israelitas se establecen en Cannaán (1.1–2.5)

b. Síntesis histórica del período de los jueces (2.6–3.6)

2. Los jueces de Israel (3.7–16.31)

a. De Otoniel a Samagar (3.7–31)

b. Débora, la profetisa (4.1–5.31)

c. Gedeón y Abimelec (6.1–9.57)

d. Tola y Jair (10.1–5)

e. Jefté (10.6–12.7)

f. De Ibzán a Absón (12.8–15)

g. Sansón (13.1–16.31)

3. Apéndices (17–21)

a. El sacerdote Micaía y los danitas (17.1–18.31)

b. El levita y su concubina. La querra contra los benjaminitas (19.1–21.25)

Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.


La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4213


Información tomada de la pagina: Linaje escogido.tripod.com


NOTA: cualquier corrección a lo aquí escrito favor de dármelo a conocer para hacer la debida corrección.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

LA MARÍA DE LA BIBLIA. (parte V)

LA REINA DEL CIELO.


Isis y María, ambas llamadas "reinas del cielo".
Los católicos frecuentemente llaman a María la reina del cielo. Oran a María llamándola reina del cielo. Esta expresión únicamente se encuentra en el libro de Jeremías. En Jeremías se esta refiriendo a las diosa de los cananeos que era conocida por varios nombres en diferentes culturas pero era la misma.
Los babilónicos____________     Istar.
Los egipcios_____________       Isis o Anat.
Los cananeos______________    Astoret.
Los Romanos______________    Diana.
Los corintios_____________      Afrodita.

Dios dijo al profeta que adorar a la reina del cielo era una abominación. Jeremías 7:16-18 y Jeremías 44.
La adoración que la iglesia católica otorga a María tiene sus raíces en el paganismo.

Originalmente este titulo le fue otorgado a Semaniris madre y esposa de Nimrod. Seminaris era una mujer malévola quien se caso con su hijo Nimrod (Génesis 10:8) y juntos establecieron las ciudades de Babilonia, Nínive, Rehobot, Cala y Resén. Ellos fueron los que comenzaron la religión de Baal. Seminaris se llamó Istar (la amante de los dioses, y reina del cielo) y Nimrod se llamó baal (rey del cielo).el fue uno de los lideres en la edificación de la torre de babel, (un intento del hombre de destronar a Dios) tanta fue la maldad de Nimrod que Canaán lo mato, y puso en cada ciudad de las que Nimrod había establecido partes de su cuerpo. Seminaris tratando de encontrar la forma de mantener el control y promover su religión. Dijo que Nimrod se había reencarnado en ella milagrosamente. Ella dio a luz un hijo, (diciendo que había concebido de los dioses sin haber conocido varón) y dio a luz un hijo cuyo nombre era Tamuz. Desde eses momento se estableció fuertemente en todas las culturas antiguas la adoración de baal y Astoret.
Uno de los títulos principales era “reina del cielo y madre de dios”.

En Egipto unas excavaciones encontraron un monumento a la diosa Isis o Anat en la cual encontraron una inscripción que lee: “Anat, la reina del cielo, la amante de los dioses.”


La forma en la cual la adoraban era preparar incienso y tortas de miel y harina hechas en forma de luna. Ella era considerada la amante de baal o Moloc el rey del cielo. Era la dios de la fertilidad, por tanto su adoración era pedir por una buena cosecha. (Por eso es que ellos atribuyen en Jeremías 44, que por no adorarla estaban con hambre.) Parte de la adoración era de tener una orgia en su honor. Si ella era la amante de los dioses, ¿Por qué atribuirle este mismo titulo a la “virgen María”?

Es por que la María del catolicismo no es la María de la Biblia. Si no simplemente la diosa de las culturas antiguas, cuyo nombre han cambiado para poder la incorporar en el cristianismo.

La Inmaculada Concepción:

Esta doctrina fue establecida en el año 1845 por el Papa IX. Esto es una incorporación del baalismo. Esta doctrina también se creía es de Seminaris. La religión de baal era lo que trastorno al pueblo de Israel. Y ahora el diablo procura usar de la misma mentira para engañar a millones de personas que se encuentran dentro de la iglesia católica. Pero en si, no hay nada en absoluto en la Biblia que sustente el dogma de la inmaculada concepción. Los eruditos católico romanos se ven en grandes dificultades en tratar de comprobar dicha dogma como bíblico.
Es hora de que los verdaderos cristianos proclamemos la verdad. El único camino a la salvación es Jesucristo, no hay otro. Solo en el nombre de Jesús es que podemos encontrar la salvación. Sacar a las almas que se encuentran aprisionadas y engañadas por el enemigo y llevarlas a la luz de la Palabra de Dios.

La Asunción de María.

En 1950 el Papa Pió XII anunció que Dios le había revelado que María por ser inmaculada al igual que Jesús ascendió al cielo en cuerpo y alma. María no experimentó la muerte y la corrupción en su cuerpo sino ascendió al cielo.

La iglesia católica se vio obligada en decir esto porque, muchos señalaban la muerte de María como prueba segura de que no era inmaculada. Romanos 6:23. Si ella había muerto es porque era pecadora al igual que todos nosotros. Bajo estas condiciones el Papa se ve obligado de anunciar la doctrina conocida como la “inmaculada asunción”.
La verdad del caso es que es una doctrina que no tiene ni la más mínima referencia en la Biblia. Por tanto con eso es suficiente como para concluir que dicha doctrina es completamente falsa. Pero también hay evidencias histórica y arqueológicas que demuestran la falsedad de esta doctrina.

Después del día de Pentecostés la Palabra de Dios ya no menciona a María. Esto en sí nos indica que ella no ocupaba el enfoque como la iglesia católica le atribuye hoy. Ni en los libros apócrifos del nuevo testamento la encontramos mencionada.

La Muerte de María según la leyenda sitúa a María en Éfeso acompañando a Juan, y de hecho ahí se enseña a los turistas su presunta tumba. Esta leyenda se debe a una monja Agustina llamada Ana Catalina Emmerich. Siendo que las doctrinas de la inmaculada concepción y la sunción de María aún no habían sido inventadas. Esta monja afirmaba tener visiones de hechos relacionados con personajes bíblicos e insistió que María había ido a Éfeso con el apóstol Juan y que había muerto en Panagaguia Kapilli, al sur de la ciudad. Lo cierto es que la mayoría de historiadores y arqueólogos insistían que esta leyenda es pura fantasía.

La gran mayoría de historiadores (con excepción de historiadores católicos desde el año 1950 cuando se invento la doctrina de la asunción de María) sienten que María esta sepultada en Cedrón e el valle de Josafat, en un jardín denominado Getsemaní. Esto se debe a varios relatos históricos y excavaciones arqueológicas.
Cuando los cruzados llegaron a Jerusalén en 1130. En sus escritos quedó grabado que habían encontrado la tumba de María. En su gran celo religioso, como aún no se había inventado la doctrina de la asunción de maría, ellos reconstruyeron su tumba. En febrero de 1972 hubo una inundación en esa área del valle de Josafat. La inundación lleno de barro y agua la tumba de maría, y varios arqueólogos fueron e hicieron varias excavaciones y estudios del presunto lugar. Al terminar sus estudios concluyeron sin lugar a duda, que la tumba era de María y los huesos encontrados eran de la misma. Estas conclusiones fueron nuevamente confirmadas por el arqueólogo B. Bagatti.

CONCLUSIÓN:
Pese a las evidencias que se han mostrado, todavía hay unos que prefieren vivir en el error. Pero nosotros los Pentecostales nos respaldamos en la Palabra de Dios y ponemos la mirada en el Señor Jesús. A nuestros amigos católicos les pregunto a la luz de lo antes visto, ¿Cómo es que insisten en el error? Si tanto honran a María ¿Por qué no obedecer la única orden que ella dio en Juan 2:5?
La verdad es que no predican la verdadera maría de la biblia, sino la María del paganismo y mitología. La verdadera María era una fiel sierva del Señor, pero imperfecta.
Una mujer llena del espíritu santo y bautizada en el Nombre de Jesús. Una hija de Dios que su único deseo era el de agradar a Dios y que toda honra y gloria fuera rendida únicamente a Él. Esa es la verdadera María de la Biblia y no dl catecismo.

8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas basadas en las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según Cristo.
9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad, 10 y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.
Colosenses 2:8-10.

Estudio tomado del libro
El catolicismo bajo la lupa de la Palabra de Dios.
Autor:Pastor Esteban Drost.
Editorial: Pentunida.

viernes, 5 de noviembre de 2010

LA MARÍA DE LA BIBLIA.(parte IV)

¿ERA VIRGEN PERPETUA?


Una de las doctrinas fundamentales de la iglesia católica tocante a la mariología. Es que María permaneció virgen. Enseñan que María antes del nacimiento de Jesús era virgen, cosa que la Biblia declara. Pero que durante el parto y después del nacimiento de Jesús ella permaneció virgen. Cosa la cual la Biblia no sustenta.

JESÚS TUVO HERMANOS.
En varios lugares en el Nuevo testamento encontramos referencia a los hermanos de Jesús. En este estudio queremos dar una lista de todos ellos y también analizar los argumentos que usan los católicos romanos para contestar ante estas Escrituras.
Jesús tenia hermanos y hermanas: Mateo 12:46, 13:55-56, Marcos 3:31, 6:3-4, Lucas 8:19, Juan 2:12, 7:5, Hechos 1:14, 1 de Corintios 9:5, Gálatas 1:19, cada una de estas escrituras hace referencia clara al hecho de que Jesús tenía hermanos.

LO QUE DICEN LOS CATÓLICOS ROMANOS.
Que son primos hermanos. Los católicos tratan de decir que al hablar de los hermanos de Jesús están hablando de primos o parientes.
Dicen que la palabra griega que es usada, también puede usarse de manera general.
Es cierto que la palabra “adelfos” puede entenderse en un sentido más amplio. Pero su principal significado habla de una relación de linaje compartido. A menos que el contexto sugiere de otra forma, el principal significado de una palabra es el que intenta comunicar. Es decir si el espíritu Santo hubiera querido que los cristianos veneraran a María como “siempre virgen”, no se hubieran referido a estos familiares de Jesús como hermanos o hermanas sino con otra calificación.
Vemos como antes de Jesús el espíritu santo enfatiza ves tras ves que María era virgen, pero después de su nacimiento no encontramos más esa intención. Además, si el Espíritu Santo hubiera querido expresar un parentesco más distante, hubiera usado otras dos palabras que están disponibles. Pablo usa la palabra “anepsios”, que significa primo para identificar a marcos como primo de Bernabé. (Colosenses 4:10). Lucas usa “suggens”, que tiene un significado más general como pariente, para identificar a Elizabeth como la pariente de María. (Lucas 1:36). Si fuera que los hermanos de Jesús eran parientes distantes, ¿por qué es que el evangelista Lucas no usó la palabra “suggens” en Lucas 8:19, Hechos 1:14? La razón es sencilla, es porque no eran parientes lejanos o primos, sino hermanos carnales de Jesús.

Que son discípulos de Jesús. Hay unos católicos que tratan de decir que al hablar de hermanos esta hablando de los discípulos por lo que dijo Jesús en Mateo 12:46-50. Esto no puede ser por que en varias ocasiones menciona a los hermanos de Jesús como aparte de los discípulos. Hechos 1:14, Gálatas 1:19, I de Corintios 9:5, Juan 2.12. Y en otras ocasiones hasta da los nombres de los hermanos de Jesús. Mateo 13:55-56, Marcos 6:3-4. Por tanto esto no puede ser.

Son hijos de José de un previo matrimonio. Con este argumento simplemente tratan de encontrar cualquier excusa para no enfrentarse a los hechos reales. Pero analicémoslo:

  • No hay absolutamente nada que indique esto en la Biblia. Si esto fuera el caso y Dios quería dejar en claro el hecho que María había sido virgen perpetua, ¿Por qué no aclaró el Espíritu Santo que estos hermanos eran de José de un matrimonio previo? ¡Es por que no lo eran!
  • En los salmos encontramos que hay profecías sobre el Mesías. A estos Salmos se les conoce como “Salmos Mesiánicos”. Un buen ejemplo de este tipo de Salmo es el Salmo 22, donde David bajo la inspiración del Espíritu Santo canta de la agonía que pasaría Jesús en la cruz del calvario. Otro ejemplo es el Salmo 69. Romanos 15:3 cita a este salmo como salmo profético. Mateo 27:48, Marcos 15:36, Juan 19:28-29, cita el verso 21 de este Salmo. Pedro en Hechos 1:20 cita el verso 25 de este Salmo. En Romanos 11:9-10 Pablo cita los versos 22-23 como proféticos del Mesías. El verso 28 es citado varias veces en Apocalipsis. (3:5, 13:8, 17:8) el verso 9 es citado por Juan y Pablo (Juan 2:17, Romanos 15:3). Por tanto queda establecido que el Salmo 69 es un Salmo mesiánico, y lo que dice este Salmo sobre el Mesías es muy significante, así que observe lo que dice el verso 8. “extraño he sido para mis hermanos, Y desconocido para los hijos de mi madre”. Esta profecía se cumplió en Juan 7:1-5.


DESPUÉS DEL NACIMIENTO DE JESÚS, EL MATRIMONIO DE JOSÉ Y MARIA SE NORMALIZÓ.
En Mateo 1:25 nos dice; “pero no la conoció hasta que dio a luz su hijo primogénito…” Es decir que después del nacimiento de Jesús el matrimonio de José y María era un matrimonio normal. Ellos tuvieron hijos y un hogar normal. También este mismo texto y en Lucas 2:7 nos dice que María dio a luz a su hijo primogénito. Jesús es el hijo unigénito (único engendrado) de Dios, y el primogénito (primero en nacer) hijo de María.


A la Luz de las evidencias abrumadoras que presenta la Biblia. La única conclusión verídica sería decir que Jesús tuvo hermanos carnales, su hogar se normalizo, y María tuvo hijo primogénito no unigénito. Por consiguiente María no es virgen perpetua como la pintan los católicos, sino un tremendo ejemplo para todo hijo de Dios, pero no digna de nuestra adoración.


Si Dios hubiera querido que María permaneciera virgen, Él lo pudiera haber hecho. Para Dios no hay nada imposible. ¿Pero cual seria el propósito? Si el permanecer virgen era algo bueno, ¿Por qué es que no se encuentra algo con referencia a ello en la Palabra de Dios? Si no al contrario en Génesis 1:28, la Biblia nos da la orden de fructificar. Si fuera algo malo el no permanecer virgen, ¿Por qué la orden de Dios? ¿Será que Dios ordenó algo que realmente es pecado o un moral inferior al de no tener hijos? Si el permanecer virgen o el no tener hijos es más importante, ¿Por qué la escritura de 1 de Timoteo 2:15?

Nuestros amigos católicos han perdido de vista la verdadera razón por la cual Dios escogió que fuera como señal que una virgen concibiera y daría a luz un hijo. No es por que ella, por ser virgen, era más santa que todas las demás. Sino porque era señal segura que lo sucedido era directamente de Dios, sin intervención del hombre. Sino algo que solamente Dios pudo hacer. Era una señal de la venida del Dios Todopoderoso venido en carne para salvar la raza humana.




Estudio tomado del libro
El catolicismo bajo la lupa de la Palabra de Dios.
Autor:Pastor Esteban Drost.
Editorial: Pentunida.