sábado, 30 de agosto de 2014

ANÁLISIS DEL LIBRO DE BERESHIT (GÉNESIS)




Autor: Moisés, generalmente aceptado.(Tal como se indica este es el nombre mas aceptado como autor del libro, aunque algunos académicos creen que fue escrita por algunos religiosos en la época del cautiverio en Babilonia).

EL LIBRO DE LOS ORÍGENES

Es un registro del origen de: nuestro universo, el género humano, el pecado, la redención, la vida en familia, la corrupción de la sociedad, las naciones, los diferentes idiomas, la raza hebrea, etc.

Los primeros capítulos del libro han estado continuamente bajo el fuego de la crítica moderna, pero los hechos que presentan, cuando se interpretan y se entienden correctamente, no se han negado nunca.

No es el propósito del autor de Génesis dar un recuento detallado de la creación. Solamente un capítulo está dedicado a ese tema (sólo un bosquejo que contiene algunos hechos fundamentales), mientras se dedican treinta y ocho capítulos a la historia del pueblo escogido, ISRAEL.

Tema Principal: El pecado del hombre y los pasos iniciados tomados para su redención por medio del pacto divino hecho con una raza escogida, cuya historia primitiva allí se describe.

Palabra Clave: Comienzo.

Primera Promesa Mesiánica: Gn 3:15


El título

 En las Sagradas Escrituras hebreas, este libro se titula con su primera palabra, Bereshit, comúnmente traducida por «En el principio» (1.1).En efecto, en él, desde una perspectiva religiosa (por así llamarla), se narra los orígenes o principio del universo, de la tierra, del género humano y, en particular, del pueblo de Israel.
Génesis es el término griego—incorporado al castellano—con el que la Septuaginta da nombre al primer libro de la Biblia. Significa “origen” o “principio”, ideas que responden en general al contenido del libro.

División del libro

Bereshit o El Génesis (=Gn) está formado por dos grandes secciones. La primera (cap. 1–11) contiene la llamada “historia de los orígenes” o “historia primordial”, iniciada con el relato de la creación del mundo (1.1–2.4a). Se trata de una narración poética de gran belleza, a la que sigue la del origen del ser humano, puesto por YAHUAH en el mundo que había creado. La segunda parte (cap. 12–50) enfoca el tema de los más remotos comienzos de la historia de Israel. Conocida usualmente como “historia de los patriarcas”, centra su interés en Abraham, Isaac y Jacob, respectivamente padre, hijo y nieto, en quienes tiene sus raíces más profundas el pueblo de Dios.

La historia de los orígenes

«En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (1.1). Este enunciado, categórico y solemne, abre la lectura de BERESHIT o Génesis y, con él, la de toda la Santa Escritura. Es la afirmación del poder total y absoluto de YAHUAH, del único y eterno Alahym, a cuya voluntad se debe todo cuanto existe, pues «sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho» (Jn 1.3). El universo es resultado de la acción de YAHUAH, quien con su palabra creó nuestro mundo, lo hizo habitable y lo pobló de seres vivientes. Entre estos puso también a la especie humana, aunque la diferenció de cualquiera otra al otorgarle una dignidad especial, pues la había creado «a su imagen, a imagen de Alahym lo creo » (1.26–27).
Este inicial relato de Bereshit o génesis considera al hombre y a la mujer en una particular relación con su Creador, de quien han recibido la comisión de gobernar de manera responsable el mundo del que ellos mismos son parte (1.28–30; 2.19–20). En efecto, el ser humano (en hebreo, adam) fue formado «del polvo de la tierra» (adamaŒ), es decir, de la misma sustancia que el resto de la creación; pero «YAHUAH Alahym... sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente» (2.7). La creación del hombre, del varón (ish), es seguida en BERESHIT por la de la mujer (ishah), constituyendo entre ambos la unidad esencial de la pareja humana (2.22–24).
La especial relación que YAHUAH establece con Adán y Eva se define como una permanente amistad, ofrecida para ser aceptada libremente. YAHUAH, creador de todo y soberano absoluto del universo, ofrece su amistad; el ser humano es libre de aceptarla o rechazarla. El signo de la actitud humana ante la oferta divina se identifica en el precepto que, por una parte, afirma la soberanía de YAHUAH y, por otra, establece la responsabilidad de Adán en el goce de la libertad: «Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás» (2.17). Pero Adán, el ser humano, por querer igualarse a su Alahym, quebranta la condición impuesta. Y lo hace con un acto de rebeldía que le cierra el acceso al «árbol de la vida» (3.22–24) y abre las puertas al imperio del pecado, cuyas consecuencias son el dolor y la muerte.

La historia de los patriarcas

Esta segunda parte de Bereshit o génesis (cap. 12–50) representa el comienzo de una nueva etapa en el desarrollo de la humanidad, una etapa en la que YAHUAH actúa para liberar a los seres humanos de la situación a la que el pecado los había conducido.
La historia entra en una nueva fase con la revelación de YAHUAH a Abraham, a quien ordena que deje atrás parientes y lugares familiares y emigre a tierras desconocidas. Le promete hacer de él una gran nación, y prosperarlo y bendecirlo (12.1–3); y le confirma esta promesa estableciendo un pacto, según el cual en Abraham habrían de ser benditas «todas las familias de la tierra» (12.3; cf. Gl 3.8).
BERESHIT pone de relieve que el Creador no actúa de modo arbitrario al elegir a Abraham, sino que su elección forma parte de un plan de salvación que se extiende al mundo entero. El objeto último de este plan, la universalidad de la acción salvífica de YAHUAH, se manifiesta en el hecho simbólico del cambio del nombre primitivo, Abram, por el de Abraham, que significa «padre de muchedumbre de gentes» (17.5).
A la muerte de Abraham, su hijo Isaac pasó a ser el depositario de la promesa de YAH; y después de Isaac, Jacob. Así fue transmitida de una generación a otra, de padres a hijos, todos los cuales, lo mismo que Abraham, vivieron como extranjeros fuera de su lugar de origen. Aquellos patriarcas (es decir, “padres del linaje”), eran pastores seminómadas, protagonistas de un incesante movimiento migratorio. Su vida transcurrió entre continuos desplazamientos y asentamientos que, registrados en BERESHIT O Génesis, dan a la narración un carácter peculiar.
Jacob, a lo largo de un misterioso episodio acaecido en Peniel (32.28; cf 35.10), recibió el nombre de Israel (El que rige como Alahym o el que vence con Alahym). Este nombre se usó más tarde para identificar a las doce tribus; luego, al Reino del norte y, finalmente, a la nación israelita en su totalidad.
La historia de José hijo de Israel es fascinante. Vendido como esclavo y llevado a Egipto, José se ganó la voluntad del faraón reinante, que llegó a elevarlo hasta el segundo puesto en el gobierno de la nación (41.39–44). Tan alta posición política permitió al joven hebreo llevar junto a sí a su padre, quien, con hijos, familiares y hacienda (46.26), se estableció en el delta del Nilo, en la región de Gosén, una tierra rica en pastos y apropiada a sus necesidades y género de vida.
Al morir Jacob, sus hijos trasladaron el cuerpo a Canaán y lo sepultaron en una cueva que Abraham había comprado (50.13) para enterrar a su esposa (23.16–20). Aquella compra tiene en BERESHIT un claro sentido simbólico, porque prefiguró la toma de posesión por los israelitas de un territorio donde los patriarcas habían vivido en otro tiempo como extranjeros.

Esquema del contenido:

1. Historia de los orígenes (1.1–11.32)
2. Historia de los patriarcas (12.1–50.26)
a. Abraham (12.1–25.34)
b. Isaac (26.1–35)
c. Jacob (27.1–36.43)
d. José (37.1–50.26)


Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4207.

linajeescogido.tripod.com

lunes, 2 de diciembre de 2013

EL RENUEVO.

He aquí el varón cuyo nombre es el RENUEVO

יהוה (Yahuah) predijo lo que sería el nombre de su Hijo, por lo que tenemos una referencia a la que podemos recurrir en busca de aclaración. 

En el libro de Zacarías, se indica:

Entonces la palabra de יהוה  (Yahuah) vino a mí, diciendo: "Tomad la plata y el oro, haz una corona elaborada, y la pondrás en la cabeza de  יהושׁע (Yahusha)  hijo de Yahutsadak, sumo sacerdote. 12 "Y le hablaras, diciendo: Así dice
יהוה (Yahuah) de los ejércitos, diciendo: "He aquí el Hombre cuyo nombre es el Renuevo el cual brotara de sus raíces, y Él edificará el templo de Yahuah; 13 Sí, Él edificará el templo de יהוה (Yahuah). Él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono; y habrá sacerdote en su trono, Y el consejo de paz habrá entre ambos. "'
Zacarías 6:11-13

"El Renuevo" es una referencia profética a la venida del Mesías, que sería un
Sacerdote y Rey (Compara el Salmo 110, Isaías 9:6).
Así, Zacarías fue instruido para tomar una corona y colocarla en la cabeza de
Yahusha (en el hebreo es יהושׁע ) el hijo de Yahutsadak. Yahutsadak  significa
"Yahuah es justo". Al colocar la corona en la cabeza de יהושׁע el sumo sacerdote, Zacarías proclamo, como se le había dicho: "He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo”. Este Sumo Sacerdote (YAHUSHA) tuvo el mismo nombre que el Mesías venidero, que reinaría como sacerdote en su trono.

Tenía el nombre del Mesías, y יהוה (Yahuah)  predijo y reveló cuál sería el nombre del Mesías. Así que ¿por qué no llamarlo por ese nombre?

Según la traducción RV1960, es nombre seria Josué.
Tomarás, pues, plata y oro, y harás coronas, y las pondrás en la cabeza del sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac. Y le hablarás, diciendo: Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová. El edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos.
Zacarías 6:11-13 (RV1960).

Entonces cabria preguntarnos, si tanto defendemos la traducción del Sagrado Nombre ¿Por qué no usar el nombre que la profecía traducida nos entrega? ¿O acaso será más importante la traducción y la costumbre que la verdad?
Si decimos que la costumbre es más importante ¿Dónde quedan las palabras del apóstol Pedro?

2Pe 1:19  Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones

Yo solamente comento. La decisión, como siempre, es personal.


SHALOM.

viernes, 29 de noviembre de 2013

LOS SADUCEOS

Prominente secta religiosa del judaísmo relacionada con el sacerdocio. (Hch 5:17.) No creían ni en la resurrección ni en los ángeles. (Hch 23:8.)

No se sabe exactamente cuándo apareció la secta religiosa de los saduceos. La primera mención histórica de ellos por nombre aparece en los escritos de Josefo, donde se indica que en la última mitad del siglo II a. E.C. estaban enfrentados a los fariseos. (Antigüedades Judías, libro XIII, cap. X, sec. 6.) Josefo también da información acerca de las enseñanzas de esta secta. Sin embargo, hay ciertas dudas de que los datos que presenta se atengan a los hechos.

Rechazaban las muchas tradiciones orales que observaban los fariseos, así como la creencia farisaica de la inmortalidad del alma y los castigos o recompensas futuros después de la muerte.

Como indicó Juan el Bautista (Yohanan Ha Matbeel), los saduceos tenían que producir frutos propios de arrepentimiento. Eso se debía a que no habían guardado la ley de Dios, como tampoco habían hecho los fariseos. (Mt 3:7, 8.) El propio Mesías comparó su enseñanza corruptora a la levadura. (Mt 16:6, 11, 12.).

Hechos 23:8 dice con referencia a sus creencias religiosas: “Los saduceos dicen que no hay ni resurrección, ni ángel, ni espíritu, pero los fariseos los declaran todos públicamente”. Un grupo de saduceos trató de entrampar al Mesías en la cuestión de la resurrección y el matrimonio de levirato. Pero él los hizo callar, apoyándose en los escritos de Moisés, que los saduceos afirmaban aceptar, y así refutó su punto de vista de que no había resurrección. (Mt 22:23-34; Mr 12:18-27; Lu 20:27-40.).

Más tarde, cuando el apóstol Pablo (Saulo) estuvo ante el Sanedrín, logró dividir al alto tribunal judío enfrentando a fariseos con saduceos, un enfrentamiento propiciado por las diferencias religiosas que existían entre ellos. (Hch 23:6-10.).


Aunque los fariseos y los saduceos estaban divididos en sentido religioso, se unieron para tentar a YAHUSHA pidiéndole una señal (Mt 16:1) y en su oposición general a él. La Biblia parece indicar que los saduceos desempeñaron un papel importante en procurar la muerte del Mesías. Algunos saduceos eran miembros del Sanedrín, el tribunal que conspiró contra YAHUSHA y más tarde lo condenó a muerte. El saduceo y sumo sacerdote Caifás era parte de ese tribunal y probablemente también otros sacerdotes prominentes. (Mt 26:59-66; Jn 11:47-53; Hch 5:17, 21.).
 Por lo tanto, cuando las Escrituras hablan de ciertas acciones emprendidas por los principales sacerdotes, seguramente había saduceos implicados. (Mt 21:45, 46; 26:3, 4, 62-64; 28:11, 12; Jn 7:32.) Parece ser que llevaron la delantera en el intento de detener la predicación de las Buenas Nuevas después de la muerte y resurrección del Mesías. (Hch 4:1-23; 5:17-42; 9:14.)

SHALOM.


jueves, 21 de junio de 2012

Análisis del Libro 1 de Crónicas



Autor:    Desconocido; se cree que pudo haber sido  revisado por Esdras. 1 o 2 Crónicas son un solo libro en el texto hebreo.
Época: Probablemente fue escrito durante o poco después de la cautividad, puede mirarse como un suplemento a los libros 1 y 2 de Samuel, 1 y 2 de Reyes. Algunas de las descripciones históricas son casi idénticas a las de los libros anteriores.
Particularidades: Los libros de Samuel y de Reyes se refieren a sucesos en ambos reinos, mientras que Crónicas tiene que ver casi exclusivamente con la historia de Judá.
Pensamiento Central: La Soberanía de Dios.
Personaje Central: David.

Historia
En los dos libros de Crónicas (que en realidad son una sola obra compuesta de dos tomos) se reproduce la mayor parte de los acontecimientos que se narran en los de Samuel y Reyes. Este hecho puede llevar al lector a la idea equivocada de hallarse ante la simple repetición de esos mismos episodios históricos. Sin embargo, Crónicas lo hace dentro de determinados márgenes de libertad narrativa, requeridos por las nuevas circunstancias en que hubo de desenvolverse el pueblo judío en los años siguientes al retorno de los exiliados a Jerusalén.
La situación no era por entonces la misma que antes de la cautividad babilónica. La monarquía, inaugurada en la segunda mitad del siglo XII a.C. con la proclamación de Saúl como rey, había llegado a su fin junto con la destrucción de Jerusalén (586 a.C.), y las condiciones de vida de los judíos no eran ahora las mismas que antes del destierro. La comunidad constituida por los repatriados ya no formaba parte de un estado independiente, sino de una nación sometida, vasalla del imperio persa. Y aunque es cierto que, en términos generales —y a diferencia de las precedentes dominaciones de Asiria y Babilonia—, los gobernantes persas se mostraron benévolos y practicaron una política de tolerancia religiosa con los judíos, también lo es que otras gentes de la vecindad geográfica se les manifestaron totalmente hostiles.

En aquella nueva etapa, el pueblo judío estaba llamado a reconsiderar su historia desde un punto de vista que les permitiera comprender mejor el presente y los orientara respecto del futuro. Y esto es precisamente lo que el autor de Crónicas ofrece a la comunidad postexílica: una reflexión sobre el pasado de Israel y una lección de fidelidad al Señor, a su Ley y al culto en el santuario de Jerusalén.

Los libros de Crónicas son una expresión típica del judaísmo postexílico. Para su composición, el autor recurrió a materiales recogidos de GénesisÉxodo,NúmerosJosué y Rut, de los cuales extrajo, p.e., las genealogías de 1 Cr 1–9. Pero fue sobre todo en los libros de Samuel y Reyes donde encontró una rica fuente de información, que él incorporó a Crónicas, reproduciéndola a veces literalmente, o bien redactándola de nuevo. Además, cita una serie de documentos, en gran parte desconocidos para nosotros, que son otros tantos depósitos de conocimiento histórico. Dichos documentos son los siguientes, relacionados a continuación en orden alfabético:
Crónicas del profeta Natán: 1 Cr 29.29
Crónicas del rey David: 1 Cr 27.24
Crónicas del vidente Gad: 1 Cr 29.29
Historia del libro de los reyes (de Judá): 2 Cr 24.27
Historia del profeta Iddo: 2 Cr 13.22
Libro de las crónicas del vidente Samuel: 1 Cr 29.29
Libro de los reyes de Judá y de Israel: 2 Cr 16.11; 27.7
Libro (o: "Actas") de los reyes de Israel: 1 Cr 9.1; 2 Cr 20.34; 33.18
Libro del profeta Semaías: 2 Cr 12.15
Libros del profeta Natán: 2 Cr 9.29
Profecía de Ahías, el silonita: 2 Cr 9.29
Profecía (o: "Libro") del vidente Iddo: 2 Cr 9.29; 12.15
Registro de las familias: 2 Cr 12.15
Contenido y composición de los libros
El primer libro de Crónicas (=1 Cr) contiene una larga serie de genealogías que se extienden desde Adán hasta Saúl (cap. 1–9), y en las que ocupan importantes espacios las líneas sucesorias de David (cap. 3), Aarón (6.49–81) y Saúl (9.35–44). La exposición de estos linajes introduce al lector en el resto del libro, que presenta la historia del rey David (cap. 10–29) hasta su muerte, ocurrida «en buena vejez, lleno de días, de riqueza y de gloria» (29.28).
El segundo libro (2 Crónicas) consta de dos partes, más un apéndice a modo de conclusión. La primera de ellas (cap. 1–9), dedicada íntegramente al reinado de Salomón, concluye con su muerte. En la segunda parte (10.1–36.21), el Cronista relata la historia del reino de Judá, desde Roboam hasta la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia. La conclusión (36.22–23) es una referencia a Ciro, el persa, y a su decreto autorizando el regreso de los judíos exiliados. Estos versículos finales de 2 Crónicas reaparecen al comienzo del libro de Esdras (cf Esd 1.1–3).

En la sección dedicada al reinado de David, el cronista se detiene con singular minuciosidad en el traslado del Arca del pacto a Jerusalén, la organización del culto, las funciones de los levitas y los preparativos y acopio de materiales para construir el Templo (véase, p.e., 1 Cr 15.1–17.27; 21.28–22.19). Salomón había recibido de su padre David el encargo de ejecutar este proyecto de «edificar una Casa en la cual reposara el Arca del pacto de Jehová» (1 Cr 28.2); así lo había dispuesto el Señor: «Salomón, tu hijo, él edificará mi Casa y mis atrios» (1 Cr 28.6). Esto no obstante, el Cronista, desde su peculiar análisis histórico y teológico, ve en David al verdadero fundador del Templo y de su ceremonial, por cuanto fue David quien, delegando en Salomón todas las responsabilidades, le entregó los planos para la edificación del santuario único donde un día el pueblo de Israel habría de adorar a Dios (1 Cr 28.1–29.25).

En su mayor parte, la historia de Salomón, el rey sabio entre los sabios, gira en torno a la construcción del Templo. El Cronista incluye la oración pronunciada por el rey en la solemne ceremonia de dedicación, y la respuesta de Dios a su plegaria. Otros monarcas después de Salomón estuvieron también relacionados con los cuidados del Templo y del culto, así como con importantes reformas religiosas que siguieron a algunas etapas de apostasía del pueblo. De esos reyes da testimonio 2 Crónicas: Asa (cap. 14–16), Josafat (cap. 17–20) y, sobre todo, Ezequías (cap. 29–32) y Josías (cap. 34–35).

Temas como los mencionados los expone el Cronista más ampliamente que Samuel o Reyes. Sin embargo hay otros asuntos que él prefirió pasar por alto. Tal es el caso de ciertos sucesos de la historia de David que podían ensombrecer la memoria del gran rey de Israel: sus conflictos con Saúl, algunos injustificables comportamientos anteriores a su ascenso al trono, el lamentable episodio de Betsabé y Urías, los dramas familiares y la rebelión de Absalón. Tampoco se interesa el Cronista por la historia del reino del norte, al que alude pocas veces y más bien con acentos peyorativos (p.e., 2 Cr 10.19; 13.1–20). Para él, solamente el reino de Judá y la dinastía de David ostentaban la legitimidad; el reino de Israel, nacido de la ruptura de la unidad nacional (cf. 1 R 12) y mancillada su fe por la idolatría, no podía representar al genuino pueblo de Dios.

El mensaje
En el marco histórico en que se desarrolla la narración de Crónicas, no solamente debe considerarse la reconstrucción del Templo y las murallas de Jerusalén. También se pretende restaurar el espíritu de la comunidad judía postexílica. El Cronista rememora para sus lectores el principio inamovible de que la vida del pueblo de Israel dependía de su fidelidad al Señor: una fidelidad de orden individual y colectivo, testificada por la obediencia a la Ley y por una vida de piedad sincera. Esto es lo que había alentado a David a impulsar la edificación del Templo y a trazar las líneas esenciales de su ritual cúltico; y esto es lo que también había tratado de inculcar en su pueblo. David sabía que, en tanto la comunidad israelita fuera fiel a la elección con que había sido distinguida de las demás naciones, Dios no dejaría de mostrarle su favor y de cumplirle todas sus promesas.
Esquema del contenido:
1. Las líneas genealógicas desde Adán hasta David (1.1–9.44)
2. El reinado de David (10.1–29.30).

Biblia De Referencia Thompson.
Linajeescogido.tripod.com

viernes, 27 de abril de 2012

ANÁLISIS AL SEGUNDO LIBRO DE REYES.



Autor:    Desconocido.

Tema Principal: La historia del pueblo de Israel y de Judá, desde la última parte del reinado de Ocozías en Israel, y de Jorám en Judá, hasta el tiempo de los cautiverios. En cuanto a la historia de Israel, ésta es un cuadro sombrío de gobernantes degenerados y de gente pecadora, que dio como resultado la esclavitud.
El reino de Judá también se estaba degradando, pero el juicio no llegó tan pronto sobre él, debido a la influencia de un número de reyes buenos que reinaron durante éste período.

Mensaje Espiritual: La influencia poderosa de los gobernantes sobre una nación.
 
Personajes Principales: El libro en su mayor parte se centra en las vidas de los profetas Elías y Eliseo.


El Segundo libro de Reyes (=2 R) continúa la historia que comienza en el primero (1er Libro de Reyes), termina la narración de la vida del profeta Elías e introduce algunos episodios de la vida de Eliseo, su discípulo y sucesor. Presenta la historia de los dos reinos, hasta la caída de Samaria, capital del reino del norte, en el 721 a.C., y finalmente incluye la última etapa del reino del sur y la destrucción de Jerusalén.

Esquema del contenido:
1. El profeta Elías y el rey Ocozías (1.1–18)
2. El profeta Eliseo sucede a Elías (2.1–25)
3. Actividades de Eliseo (3.1–8.15)
4. Judá e Israel hasta la muerte de Eliseo (8.16–13.25)
5. Judá e Israel hasta la destrucción de Samaria (14.1–17.41)
6. Judá hasta el exilio en Babilonia (18.1–25.30)

Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.
La Biblia de Referencia Thompson, Versión Reina-Valera 1960, Referencia Temática # 4217
 Linajeescogido.tripod.com